Recuerdo de esa noche cada mirada, cada beso. Incluso cada latido retumbando tu pecho, y esa sonrisa tan tuya haciéndome caer en un lecho. Recuerdo tus caricias y tu tacto en mis zonas prohibidas, que desataron el vaivén de sábanas más intenso de mi vida.

A partir de esa noche supe que por ti moría y que tú por mi también lo hacías, y quisimos comernos el mundo apenas nos dimos cuenta que nuestro amor florecía. En la cama me sonreías con picardía y supe que de ella vivía, de esa risa que me hacía volver a la vida.

Recuerdo la otra noche, cuando con la mirada perdida me dijiste que me dejarías argumentando que ya no volverías, por lo tanto el amor que se mantenía tenía que acabar aquella noche, sin garantía a que volvería. No fuiste claro en tus razones para alejarte, y yo no podía dejar de amarte así que, con lágrimas en los ojos quise dejar mi dignidad y orgullo, para pedirte que te quedaras en mi mundo. Pero supe que habían cosas más importantes por las que mantener la dignidad y el orgullo, así que construí un muro, y con la dureza que no tenía, te pedí que te marcharas de mi vida. Y no podrías volver cuando querías porque te aseguré que yo en tus palabras no creería.

— Meazyღ