Esa no soy yo.

Esa es la que fui, en un instante, un momento congelado en el tiempo.
Ella es la que nunca volverá a ser.
Ahora soy otra, que pronto también dejará de ser.
Y aunque nos veas y creas que ves lo mismo, te prometo, esa no soy yo.

Miro a sus ojos y en ellos no me veo.
Cuando los demás me miran también ven a la otra, la que no soy.
Aunque no lo sepan, o tal vez lo sospechan y nunca lo dijeron.

Cual broto que fue no es el árbol que hoy vive, rostro no es alma.
Porque con cada pensamiento crezco, con cada día aprendo algo nuevo y cada noche se pierde un recuerdo.
Evoluciono, cambio, muto.
Y mañana seré una que aún no conozco.
Pero en mi cara no vas a ver más que el paso del tiempo.

La máscara tal vez te muestre alguna pena o una alegría, quizás el atisbo de un sentimiento.
Soy tanto más que eso.
Soy experiencias y sueños, y todavía soy tan poco.

Así que no intentes encontrarme en esos ojos, esos ojos ya están muertos y unos nuevos ven el mundo cada día que despierto.

Tamara M. Gonzalez