Me gustan las ventanas abiertas y las luces apagadas.
Aunque mi vista se joda y el silencio se opaque.
Me gustas enojado a pesar de que ni me mires,
más interesante se vuelve mirarte.

He amado tus ojos centellados,
la lluvia en el tejado
y mi cabeza en tu pecho.
Tu corazón se escuchaba como mil batallas
y en el intento de dormir entre ellas,
se me ha quitado el sueño.

Habrá tal vez una noche lejana en que no te piense,
u otra en que no existas.
Quizá cuando el universo te sostenga con sus versos,
yo me sostenga recordando tus risas.