Desde pequeñas nos enseñan

que la virginidad es lo más valioso que tenemos.

Desde pequeñas nos enseñan

que nuestra desnudez es sagrada

y que solo la puede ver el hombre al que amemos.

Desde pequeñas nos enseñan

a esconder nuestro cuerpo,

y a avergonzarnos de él

junto con las demás características

que nos identifican como mujer.

Desde pequeñas nos enseñan

a repetir la monótona vida de nuestros antepasados,

y nadie nos incentiva a soñar, a estudiar, ni mucho menos a ser libres.

Ya que eso significaría que estaban errados.

Pues yo ya no soy pequeña,

ahora cuento con criterio propio.

Y del mismo modo puedo decir

que por disfrutar del sexo no soy menos,

que por enseñar mi cuerpo no me quito valor,

que por querer ser alguien en la vida,

más que una madre y ama de casa

no dejo de estar cuerda.

Que por querer quitarnos las cadenas,

no estoy loca.

Que por querer abrir mi mente,

no soy una puta.

Ni por hacer arte del modo en que lo hago,

significa que me desprestigio.

Y sobre todo, he aprendido que el amor está

y que empieza por el de uno mismo.