Bajo un árbol me encuentro mirando a las estrellas en verano, cuya propia luz despierta mis sentidos. Las templadas brisas de la noche y las caricias de los pastos me obligan a recordar esta soledad que me abruma. El oscuro cielo, su inmensidad y sus estrellas avivan mi ansiedad.

Nunca fue agradable ver cuán distinto cada uno percibe su mundo, que para algunos un segundo lo vale todo y, para otros, no vale nada; algunos que pasan hambre, y otros cuya vida se los come por dentro. Me resulta inquietante ver tantas realidades distintas y entender que ninguna es perfecta, que lo que a algunos les hace feliz, a otros puede atormentarlos; saber que nunca es suficiente para sentirse feliz y que, a pesar de tenerlo todo, sigamos sintiendo ese vacío en nuestros pechos y pensar que renunciaríamos a todo lo que tenemos por poseer, aunque sea por un prescindible segundo, aquello que no está a nuestro alcance; eso rompe mi corazón.

Las personas tristes rompen mi corazón. Verme triste también rompe mi corazón.

A lo mejor no existe tal cosa como la felicidad. Quizás nos hicieron creer bajo nuestras pieles que la vida debe ser de color rosa, cuando, probablemente, jamás sea así. O puede que sí exista, y que todos estemos equivocados al desear aquellas cosas a las que no podemos acceder. ¿Será que somos masoquistas al pensar en todo aquello que no tenemos? ¿O solo somos desagradecidos por no conformarnos con lo que nos tocó? ¿Valdrá realmente la pena amargarse por lo que no tenemos?

Podríamos ser como esas estrellas que decoran nuestras noches; cada una es única es un conjunto de iguales. Algunas brillan un poco más fuerte, y algunas son más pequeñas en tamaño. Dejan de existir, y a veces puede parecer que algunas son prescindibles, pero la Osa Mayor no sería lo mismo sin una de esas siete estrellas, ni nuestro cielo sería el mismo sin alguna de ellas.

A pesar de que sean asombrosas, lo más importante sobre ellas es que las estrellas no quieren nada más.

Bajo un árbol me encuentro mirando a las estrellas en verano, cuya propia luz adormece mis sentidos. Las templadas brisas de la noche y las caricias de los pastos me ayudan a olvidar esta soledad que me abruma. El oscuro cielo, su inmensidad y sus estrellas apagan mi ansiedad.

-imchainis.