Tengo miedo, miedo a perder todo lo que ya conozco.
Me acomodo tanto y tan rápido a tener en mi vida ciertas personas, que me niego una y otra vez el posible hecho de que alguna vez se marchen. Me prometo a mí misma que eso no va a ocurrir, e incluso tengo acciones para intentar impedirlo. Y es cierto que cansa vivir con el miedo de que te van a traicionar, pero más miedo da ver como la soledad te envuelve, ya sea solo en la imaginación, sigue siendo aterrador.

Solo quiero ver a los demás, a los que yo llamo amigos, preocupados como yo lo hago por ellos, felices por mí e ilusionados cuando yo lo estoy, como yo lo hago con ellos. Solo quiero verme correspondida.
Digamos que ver que das y das, y no recibes, duele más que apuñaladas desgarrando la piel.