En días como estos, me gustaría que estuvieras conmigo de la forma en la que estuviste el primer día en que nos vimos, ese en el que sabíamos; había algo más en nuestro encuentro que una casualidad.

Me gustaría que tal como esa noche me abrazaras y me dijeras lo mucho que me quieres, que me contaras una vez más tus mayores secretos y que compartiéramos sonrisas hasta el amanecer, que me volvieras a decir que no te querías ir, que me quedara contigo, que ni la distancia ni el tiempo eran suficientes para separarnos; en noches como esta, me gustaría no llorar por ti de nuevo, no haber discutido esa noche y me gustaría haber hecho algo por nosotros, pero más que eso que tu hubieras querido salvarnos.

En noches como esta quisiera volver a creerte, volver a sentirte, volver a abrazarte, volver a besarte y escucharte decir que todo está bien.

Me gustaría tocar de nuevo todas esas heridas que el pasado causó en ti y conocer los secretos que aún faltaban por contarme… me gustaría no haber sido un juego más, me gustaría ser esa mujer que tanto esperas y no una más, me gustaría podertelo decir sin sentir que saldré lastimada.

Me encantaría que no me dijeras una vez más que estamos en diferentes frecuencias, o en diferentes momentos, o en cualquiera de esas estúpidas excusas que amparan el miedo al amor.

Me hubiera gustado hacerte feliz, devolverte todo aquello que causaste en mi y sobretodo devolverte ese momento para no recordarlo cada noche, en tu ausencia.

Quisiera que el te amo no se hubiera ido más lejos de lo que ya estaba, pero qué hago si el te extraño no se va, ni aunque lo corra, estamos él y yo juntos, ninguno por voluntad propia.

Me gustaría que me entendieras cuando te digo que no puedo deshacerme de lo que siento, que el amor no tiene mandatos, el amor sucede, así como tú y yo esa noche, yo siendo víctima de mis deseos más íntimos y tú, tú tan perfecto como siempre.

Pero no me lamentaré más, seré franca: Hoy no me queda ninguna realidad, sólo un par de ilusiones basadas en una serie de “hubieras” aferradas a una realidad tan lejana como tu y yo, además de una serie de pensamientos que toman forma de preguntas.

Y la más importante:

“¿Cómo era posible enamorarse de alguien en tan poco tiempo?”

Había tenido amores, había tenido anhelos, pero tu y yo amor, tu y yo como la última frase de la carta, siempre fuimos interrogante.