¿De qué tenemos que hablar? ¿Sobre lo bien que la pasamos juntos? Quizás del sonido de nuestra respiración en simultáneo; de la química intermitente; de cómo te veía dormir, mientras moría de ganas por acurrucarme contigo; de tus gestos negándolo todo para desacreditar mis celos; de la manera en la que te mentí para no herirme. Aunque si quieres, y sólo si en verdad lo deseas, podemos no hablar de nada, tomarnos de las manos, mirar al cielo, contar las estrellas, y en un descuido, tus lunares.