Me gustaría decir que Jamás volveré a escribir una carta de amor, ni a platicar con un chico de mis autores favoritos; que no pasaré horas pensando en hacer del cumpleaños de nadie el mejor día de su vida, que nunca volveré a sentarme en la iglesia a dar gracias por la presencia de alguien en mi vida o cuando pase un cometa pensar en esa vez que tomó mi mano.

Sobretodo, me gustaría decir que cuando alguien me diga que no me quiere, escucharlo y marcharme.

Así podría retírame con mi dignidad intacta, con un final tan romántico en el que me elijo sobre cualquier otra persona.

Pero mi carácter no me deja rendirme fácilmente cuando quiero a alguien, y en la intimidad de mis platicas con dios le sigo hablando de lo mucho que lo extraño y los cumpleaños me hacen muy feliz si hago feliz a la persona que quiero, prefiero apostar al futuro con una poética carta de amor que esperar a que pase un milagro.

Después de noches de insomnio la conclusión es que si jamás vuelvo a amar no me elijo a mí, en cambio me destrozaría y que, al final, yo soy
la que realmente decide si conservo mi dignidad.

(Otro fragmento de mi diario) (Detengan está noche en la que me siento tan sola)