Hoy va a hacer un día sofocante, lo noto. Ya hace calor en el dormitorio, y cuando abro un poco la ventana para que se vaya el olor a encierro. El aire de afuera es tan denso que parece lamerme las mejillas. Aspiro profundamente, inhalando el olor limpio a madera húmeda, mientras escucho los chillidos lejanos de las gaviotas que describen círculos interminables sobre la bahía, en algún lugar más allá de los almacenes de techos bajos y los grises edificios. El motor de un coche se pone en marcha junto a la casa. El ruido me sobresalta, veo entrar a mi hermana a la habitación para buscar algunos de sus juguetes. Me siento en la cama y me digo hacia mí misma “hoy es un gran día”. Eso me diría mi madre, pero no está acá. Durante años, tras la muerte de mi madre, me persigue una palabra, un siseo ondulante como una culebra que iba dejando un rastro venenoso: suicidio. Una palabra de soslayo, una palabra que la gente masculla entre cuchicheos o toses, una palabra que solo se murmura tras el refugio de una puerta cerrada. Solo en mis sueños podía volver esa palabra real.
Me cambio lo más rápido que puedo y salgo, sin más preámbulo, camino una larga ruta hacia mi evaluación final para recibirme, cada paso que doy se me hace más larga la llegada, miro hacia mi alrededor y veo las ondas de calor que emana el sol. Miro mis pies, después el cielo deslumbro como se va trasformando el cielo en un color más claro del día que se avecina. Vuelvo a mirar mis pies, comienzo a notar que son más grandes a medida que avanzo, desde acá puedo ver la universidad, pero no puedo llegar porque la dimensión de mis pies no me deja avanzar, trato de hacer algo con el peso de mi cuerpo, pero es imposible, siento mi cuerpo como se quiere acostar al piso y quedarse ahí para siempre. No veo a nadie para pedir ayuda, estoy sola, trato de pensar, pero mis pies están pegados al piso, pero ahora no tan solo eso, el sol me está quemando de a poco el pelo y veo como cae en el piso, no puedo saber cómo me veo, pero si, siento un dolor muy grande. A lo lejos veo una mujer que viene hacia mí, cuando llega me dice “déjate llevar”, antes de que el ultimo mechón caiga de mi pelo. Suena la alarma.

Mi instagram: @laracep