Llorar
llorar continuamente por miniaturas,
por tristezas infantiles,
por caprichos internos,
porque lo negro es blanco
y lo blanco es negro.
porque el sol no es lo suficientemente dorado
y la luna no lo suficientemente plateada.

Llorar porque el viento viene en contra
porque te despeina y te desplancha.
Llorar por sutilezas innecesarias
que al ser contadas se pierden
entre palabras.
Llorar porque aún llorando el sentido
no cobra vida.
Tan sólo es eso.
Es cómo faltarle el respeto al dolor,
que te mira penetrante
recordando
lo que realmente significa
llorar.