Nervioso. Así es como se sentía Louis esa mañana. Estaba a punto de partir a su nuevo destino en un nuevo país, en un nuevo continente. A donde llegas en ceros porque no conoces a nadie más que al taxista que te llevo desde el aeropuerto, el nuevo espacio de cuatro paredes al que llamaras hogar y tendrás que acostumbrarte al pequeño tamaño y los nuevos vecinos.

De ese modo se sentía Louis cuando terminaba de empacar las ultimas prendas que estaba seguro necesitaría en un futuro a falta de su madre para darle un poco de calor hogareño.

–¿Llevas todo lo que necesitas cielo? – pregunto Jay desde el marco de la puerta. Su pequeño emprendía su propia vida lejos de su casa y de sus ojos.

–Si mamá, de cualquier manera no es como si Chile no tuviera tiendas o las cosas que necesitare. Quédate tranquila. – el ojiazul dejo un beso en su frente, pasando hacia el baño donde tomo su cepillo dental y las cosas que guardaba detrás del espejo.

-¿Por qué aceptaste ir Louis? Era más sencillo que pudieran monitorear desde aquí. – su madre seguía haciendo la misma pregunta desde que le había dado la noticia, como un buen ambientalista se había inscrito a una brigada que viajaría hasta Santiago donde ayudarían a los residentes a disminuir los principales problemas con los que ya tenían que lidiar.

–Ya lo hablamos, estaré bien. Te lo prometo. – dijo tratando de sonar lo más convincente. – además sabes que Niall es buen compañero de piso.

Jay lo miro dudando un poco.

–Bueno, sin contar lo de su suéter quemándose ese día no hay nada de qué preocuparse.

–¿Pero por qué a tan pocos días de navidad hijo? Y de tu cumpleaños. Será el primero que pases lejos de mí. – su madre comenzó a acercarse con las intenciones de darle un abrazo que lo dejaría morado.

–Surgió de la nada y es una buena oportunidad para mi carrera. Además ya llevo empacado mi regalo, no lo abriré hasta ese día ¿de acuerdo? – se levantó de la maleta que necesito su peso para cerrar. – solo serán cuatro meses o más o menos. El ambiente no es algo que podamos predecir. – dijo encogiéndose de hombros.

–¿Levas suficientes abrigos? – Jay decía cualquier cosa para quedarse con su hijo unos minutos más.

–Allá es verano mamá, me derretiré. – tomo su mochila de viaje y se dirigió a la puerta de su habitación que no vería en mucho tiempo.

–Oh cierto, lo olvidaba. Las estaciones cambian.

–Será extraño que mi cumpleaños tenga rayos de sol en lugar de nieve pero ahora tenemos que irnos. Quedamos de vernos en el aeropuerto dentro de una hora.

–Sube al auto entonces, yo me encargo de cerrar.

Bajo las escaleras atravesando el jardín hasta el auto donde ya estaban la mayoría de sus cosas. Suspiro antes de entrar en el asiento del copiloto y poner su cinturón. Tenía ese presentimiento creciendo en la boca de su estómago diciéndole que sería una de las mejores experiencias de su vida.

–¿Listo? – le pregunto Jay mirándolo emocionado.

–Desde siempre. – el castaño le sonrío antes de que partieran al aeropuerto.

El tráfico a las siete de la mañana en Londres era poco por lo que llegaron antes de lo pensado. Jay le ayudo a su pequeño a bajar las maletas que llevaba. Como una escena de película lo abrazo sin importarle quien los viera en la banqueta del aeropuerto.

–Cuídate cielo, sabes que no importa qué hora sea si me necesitas llámame. – beso en su frente. – divierte Lou. Y feliz cumpleaños, ya veintidós. Que rápido ha pasado el tiempo, pareciera que solo ayer fue cuando tu primer frijolito germino y estabas tan contento. – sorbió un poco su nariz tratando de alejar las lágrimas.

–¡Mamá! – grito algo avergonzado. – lo haré, pero por favor no llores ahora. Te mandare muchas fotografías y llamare en cuanto llegue. – tomo sus pertenencias pasando por las puertas automáticas. – ¡Feliz Navidad mamá! – grito para que pudiera oírlo desde adentro. Jay se quedó moviendo su mano hasta perderlo de vista.

Louis entro con su boleto en mano para poder localizar cual sería la puerta de abordaje de su vuelo aunque se distrajo cuando sintió su estómago rugir. Solo entonces recordó que no había comido nada desde las cinco al levantarse.

Pensando en el hambre que tenía se desvió hacia las tiendas del aeropuerto; paseándose encontró un libro que llamo su atención y estaba seguro le ayudaría a aminorar la espera y para llenar el hueco en él un paquete de sus galletas favoritas junto con cuadrado de leche de chocolate.

Regreso para sentarse frente a la pantalla de los vuelos esperando la llegada de sus amigos. Por lo mientras abrió el pequeño libro tamaño bolsillo empezando la lectura. Estaba tan absorto en las páginas que no noto la llegaba de alguien a su lado.

Era un chico alto con cabello rizado y una linda nariz. Tenía puesto un grueso abrigo negro al igual que toda su vestimenta. El olor de una masculina loción lleno sus fosas nasales. Pareciendo que había sentido su mirada observándolo detenidamente se giró a verlo permitiéndole admirar sus brillantes ojos verdes. Louis sonrojado en un movimiento rápido regreso sus ojos al texto tratando de ignorarlo.

Pasaron un rato en silencio hasta que escucho como tomaba del paquete de galletas que estaba en medio de los dos sin pena alguna, como si quiera se conocieran. Solo dejaba que alguien tomara de su comida y ese era Niall. No quería hacer de buscapleitos tan temprano en el lugar además, solo era una galleta. ¿Qué podría pasar?

Alzo su mirada al reloj viendo que veinte minutos ya habían transcurrido, a la derecha seguía el chico agarrando las galletas comiéndolas con toda confianza. Louis lo vio indignado antes de molesto por ver la mitad del paquete que quedaba, llevo una hasta su boca masticándola con fuerza dándole a entender su fastidio y mostrándose intimidante pero tal pareció que causo todo lo contrario en su acompañante que le sonrió mostrando sus hoyuelos. Por su mente paso "si no fuera tan lindo y yo tan amable ya le habría dejado un ojo morado y nada de galletas".

Cada vez que él tomaba una Louis igual, mirándose a los ojos los dos metían una tras otra en sus bocas hasta que solo quedo la última. El chico la tomo partiéndola por la mitad, ofreciéndosela. El ojiazul molesto se la arrebato antes de comerla en un bocado haciendo un puchero en sus labios. "Oh Dios, este chico es tan grosero y mal educado. Ni si quiera me dio las gracias." Suspiro aun enojado aunque todo mejoro cuando logro ver una cabellera rubia por encima de las personas que comenzaban a llegar. Guardo el libro dentro de su mochila antes de ponerla sobre sus hombros y tomar sus maletas. Decidido se levantó de su asiento dejándolo solo.

–¡Hey Louis! – su amigo grito haciéndole señas para que se acercara.
Evitando voltear atrás pero haciéndolo de todos modos vio al chico una última vez. Este le sonrió amablemente. Le pareció lo más cínico después de haberse comido todo su desayuno literalmente, respondiendo a su sonrisa le alzo el dedo medio antes de que siguiera su camino todavía sintiendo sus ojos sobre él.

–¿Sucede algo? – Niall pregunto al verlo llegar con el ceño fruncido.

–No, nada. ¿Por qué tardaron tanto? – Zayn no encontraba su pasaporte. Debes dejar de ser tan preocupon Lou, nos queda media hora para abordar. – dijo pasando su brazo alrededor de sus hombros atrayéndolo en un abrazo.

–Oye Lou ¿Quién es el chico guapo de allá? – Zayn le pregunto viendo fijamente al de ojos verdes.

–Es un idiota que se comió todas mis galletas. El desgraciado sin un gramo de vergüenza las agarraba como si nada. – gruño molesto.

–Y es por eso que eres un vivo ejemplo de la ley de Murphy. Oh pobre Louis. ¿Quieres comer algo más antes de irnos? – el rubio le pregunto riendo.

–No estoy bien. Compre algo de leche, con eso me basta.

"Vuelo con destino a Santiago Chile, por favor de abordar por la puerta siete". Se escuchó por los altavoces. "Vuelo con destino a Santiago Chile, por favor de abordar por la puerta siete"

–Bueno chicos es hora de irnos, Santiago prepárate. – el moreno grito emocionado corriendo hasta el chequeo.

–Vamos Lou. – Ni lo guio hasta la puerta.

Después de haberse registrado y dejado el equipaje los tres llegaron a sus asientos correspondientes.

–Nos escuchamos en catorce horas chicos, me despiertan cuando den el primer servicio. – Zayn dijo poniendo sus auriculares.

–Nadie se duerme tan rápido. – Niall reprocho mirándolo.

–A menos que no haya dormido por estar empacando por supuesto que puede.

Louis riendo de sus amigos busco el libro que había estado leyendo, metió la mano en su mochila confiando en su sentido del tacto hasta que dio con ellas. Dudo por un minuto pero sí, claro que sí. Eran inconfundibles y reconocería ese sonido en cualquier lugar.

–Mierda. – maldijo en voz baja.

–¿Qué? ¿Qué olvidaste Tomlinson? – el rubio volteo a verlo de inmediato angustiado.

Con los ojos cerrados Louis saco un paquete de galletas entero de su mochila. Sus amigos lo miraron raro al no entender la situación.

–Si mis galletas están aquí – dijo viéndolos – entonces las otras eran de él. Solo quería compartir.

–Que grosero eres Tommo. – Zayn rio ante su expresión.

Sin dudarlo dos veces se levantó de su asiento pasando sobre sus dos amigos.

–¡Hey! ¡¿Qué haces?! – Niall grito sobre su hombro pero eso no lo hizo detenerse. Paso de largo a la aeromoza corriendo a través del túnel que conectaba con el avión.

Cuando estuvo de nuevo en la sala de espera recorrió con la mirada rápidamente el lugar, buscándolo.
Parecía una especie de superhéroe con su abrigo abriéndose por la velocidad a la que le permitían sus pequeñas piernas, no paro hasta llegar a las sillas donde estaba hace cuarenta minutos.

Era demasiado tarde para pedir perdón y lo sabía. Muy a su pesar él era el que había sido insolente, el mal educado, el ladrón.

Inspirado en el poema de Valerie Cox con el mismo nombre... todos los créditos a ella.

–Liss.