Caminaba feliz.
Bailaba pero nadie lo veía.
Mi corazón comprendió que debía dejarlo ir.
Versos como espinas desgarraban mis venas.
Mi interior estaba más vivo que nunca.
El miedo no se iba,
pero se recostaba en el borde del abismo.
En mi corazón florecían plantas tropicales.
Me desnudaba ante la mismidad de mi ser.
Pero nadie lo veía.

Y solo ahora,
tras meses,
aprendo a vivir sin tu recuerdo.