Cuando terminamos supuse que todo sería más fácil. Estaba segura de mis sentimientos: lo había olvidado. Caminaba por las calles con la tranquilidad de no encontrarlo ni siquiera en mis pensamientos, con la convicción de que nada de él permanecía en mí.

Pero pasó, lo encontré nuevamente. Lo encontré miles de veces, en muchas caras y cuerpos similares, en el mismo estilo de ropa y en su tono de voz. Siempre caminaba detrás de él y veía como se progresivamente se alejaba. No fui capaz de alcanzarlo, nunca pude, pues no era el chico que yo buscaba. Nunca lo fue.