El suelo estaba frío, mis pies sangraban dejando un rastro de frágiles huellas a mis espaldas. Habría sido una buena estrategia para regresar si tan solo hubiera estado pensado, pero no era así, solo estaba avanzando. Era como un vago sueño del que no tienes control en absoluto. No advertí lo que me esperaba al final, aunque el oscuro camino debió darme alguna pista. Indiferente del dolor, atravesé la espesa niebla; me costaba avanzar pues, además de la limitada visión, el camino era exageradamente angosto. La travesía puso a prueba mi equilibrio más de una vez, aún así logre caminar hasta el final. Supe que el viaje había terminado cuando arrastré mis pies ensangrentados bajo un enorme arco de piedra con letras grabadas en su parte más alta, letras que apenas pude leer. “Bienvenido al infierno” leí en voz baja mientras afrontaba mi destino. No me arrepiento de haber tomado este camino.