Los rayos de sol que asoman mi ventana iluminan tu belleza inmarcesible. Mi cuarto se vuelve entonces una obra digna de contemplación donde todos los colores que habitas van pintando las barreras grises de mi cuerpo. Llegando a cada espacio, a cada sitio, transformando lo vació en lo sublime.
Llevan tus pinceles la magia del encanto y trazas con ellos un recuerdo sempiterno en mi memoria. .