Sus tripas se retorcieron de una manera increíblemente dolorosa. Jamás antes de conocerlo a él había sentido tal tipo de dolor. Sus pulmones estaban tan vacíos que pensaba que se moriría. Su garganta trataba tan desesperadamente de tragar aire que hasta empezó a sonar como una aspiradora averiada.

Hoseok estaba en el mismo cuarto que él, pero él en cambio estaba sentado en una silla algo arruinada, con el cuero desgastado. Su frente estaba llena de sudor y por sus mejillas resbalaban algunas gotas que no eran precisamente provenientes de su frente, sino que de sus ojos.

Frente a aquel castaño, un hombre sostenía en sus regorgetas y toscas manos un instrumento de dolor total.

Por supuesto que Yoongi no podía hablar, apenas si podía respirar.
Hoseok era un idiota y Yoongi lo amaba por eso.

-¡No es gracioso, hyung! -Hobi estaba rojo de la vergüenza.

-Perdone, juro que escuché que quería un...

La aspiradora averiada que tenía Yoongi en su interior, sonaba tan fuerte que interrumpió al tatuador. Ya no había caso, su hyung no podía parar de reír. Estaba completamente tentado en una risa histérica y al parecer sin fin.

-¡Arréglalo, por favor! no puedo ir por la calle así. ¿Qué dirán los ARMY? -no paraba de lloriquear como el bebé que era para Yoongi.

Su espalda estaba adolorida luego de su risotada de media hora, pero aún así trató de recobrar un poco la compostura para hablar.

-Vamos, no está tan mal, estoy seguro que te acostumbrarás.

-¿Acostumbrarme? ¡Es muy fácil decirlo cuando no eres tú quién lleva a Mickey Mouse en todo su brazo!

Hoseok tenía suerte de que su hyung estuviera tan tontamente enamorado de él que incluso su voz chillona podía resultarle tierna. De otra forma ya no estaría allí para él. De otra forma ni siquiera le hubiese ofrecido al menor, pasar sus vacaciones juntos. Yoongi jamás en su joven vida había pensado que algún día estaría en Las Vegas, y mucho menos acompañado por alguien tan especial.

-No te preocupes por ARMY, estoy seguro de que ellos sabrán apreciar una buena caricatura.

La tan ingeniosa idea de Hoseok había sido embriagarse a tal punto que no le importase tener literalmente una aguja dibujándole la silueta de Michael Jackson en negro por todo el brazo, pero nunca tuvo en cuenta que estaría tan ebrio como para terminar pidiendo que le tatuen a Mickey Mouse. Ahora sólo encontraba formas de lamentarse por sus malas ideas y por sus malas elecciones de amistad.
Yoongi ni siquiera había sido capaz de decirle al tatuador que se había confundido, y ahora pagaría por el resto de su vida.

-Te queda lindo -soltó Yoongi luego de la silenciosa vuelta al hotel. No se animaba a dejar escapar de nuevo la risa que nacía en su cosquilleante estómago cada vez que veía al simpático ratón en el brazo de Hoseok.

-Cállate. Eres un idiota.

-No, lo digo en serio. Es... tierno. Arriesgado -una mirada asesina no fue suficiente para callarlo lamentablemente-. Además Mickey es una figura histórica ¿no crees? Tú amas Disney.

-¡Y tú amas a Kumamon! y no por eso lo llevas tatuado a todo color en tu brazo.

-Si somos justos, tú viste que era Mickey Mouse antes de que le agregaran color.

-¿Sabes qué es peor que Mickey Mouse?

-¿Qué?

-Un Mickey Mouse sin color. Al menos quería que estuviese bien hecho -sus brazos se entrelazaron sobre su pecho y su boca formó un tierno puchero.

Yoongi se quedó apreciándolo en la oscuridad de su cuarto de hotel. Sabía que Hobi no lo notaría porque seguía algo alcoholizado, y le gustaba mucho esos momentos de silenciosa admiración que no surgían tan amenudo.

-¿Te dormiste?... ¿Hyung?

Yoongi sonrió por los cambios de humor del menor y permaneció en silencio. Su corazón pareció haberse literalmente ablandado cuando Hobi se acurrucó con él y se quedó hablando en voz baja consigo mismo.

-Es Mickey, Hoseok. Tienes 23 años... Pero por otro lado, supongo que si a Yoongi-hyung le gustó de verdad, quizá... sólo quizá, no sea tan malo -un suspiro liviano fue lanzado al aire y pegó cálidamente en la piel de Yoongi-. Buenas noches, hyung... Estúpido.

Yoongi tuvo que volver a tragarse la carcajada si no quería volver a entrar en guerra con Hoseok. En cambio, se concentró en sincronizar su respiración con la del menor. Con su dedo pulgar e índice levantaba suavemente las hebras del cabello fino de Hoseok y lo acariciaba como a un bebé. Hizo círculos en su espalda. Dejó pequeños besos en la punta de su nariz, párpados, mejillas, y unas cuantas -muchas- veces en sus labios también. Todas esas cosas que hacían de sus noches con Hoseok, las más cálidas y relajantes. Como si estuviera en su hogar. Pensando en que cualquier locura estaba justificada si lograba contentar a su novio.

A la mañana siguiente Hobi despertó en una cama vacía. Y no sólo una cama, toda la habitación estaba vacía.
Pasaron horas y Yoongi no volvía, ¡por Dios! era plena madrugada.

Los peores pensamientos recorrían velozmente por la mente de Hobi y cuando por fin escuchó el picaporte girar, sin saber por qué, su primer instinto fue fingir estar dormido.

Si era un secuestrador quizá podría verlo plácidamente dormido y le permitiría seguir así sin molestarse en secuestrarlo, pero si era Yoongi, entonces no sabría cómo abordar el interrogatorio de por qué había salido por tantas horas mientras él dormía. A la madrugada..., en Las Vegas.

Escuchó las llaves del cuarto ser colocadas suavemente en la mesa de madera, una aún más suave risa sonando a pocos metros de él, y una persona con un aroma muy familiar, hundir el colchón a su lado, colándose bajo las mantas.

-Nada mejor que una buena siesta luego de un buen revolcón -soltó sin más Yoongi, cargado de confianza y descaradamente fuerte y claro. La cara de Hobi hervía de la rabia y pensó que en cualquier momento explotaría- ¿No lo crees, Seok?... Sé que estás despierto, bobo.

Los ojos redondos como platos se abrieron de par en par. ¿Tan obvio era, en serio? ¿Qué lo había delatado? ¿El falso ronquido o la cara roja como un tomate en cuanto Yoongi dijo lo suyo?

-Deja de jugar conmigo, hyung.

-Nunca.

Hoseok podía ser rápidamente irritado pero algo en la sonrisa ladeada y la mirada perdida del rubio junto a él lo hacían calmarse.

-No veo que hayas traído el desayuno, no creo poder perdonarte algo así... ¿dónde -Hoseok tuvo que aclararse la garganta para no tartamudear-... dónde estabas, Yoongi?

Por primera vez en toda la mañana, Yoongi se giró a verlo plenamente a los ojos. Su sonrisa no se había movido pero aún así sintió que el ambiente había entrado en un clima más serio.

-¿Sabes, Hoseok? Las Vegas es una ciudad para cometer locuras, y hacer cosas de las que quizá te arrepientas algún día, pero sabrás que fueron el comienzo de una gran historia.

-¿Ah sí? entonces espero con ansias la segunda parte, porque sin dudas ya estoy por la etapa del arrepentimiento.

El rubio se rió meneando la cabeza.

-Te amo, Seok. Confía en mí y durmamos.

No había tanta energía como para negarse y realizar un planteo. De todas formas, Hoseok sí confiaba en Yoongi. Confiaba en él más que en sí mismo, aunque claro, jamás volvería a confiar en él como compañía cuando quisiera volver a tatuarse ebrio.

Tras horas de sueño abrazados y luego de un par de pequeñas, babosas, y casuales sesiones de besos, Yoongi entre suaves ronquidos se dio vuelta en la cama, dándole la espalda a Hobi, obligándolo a rodear su cintura con su largo y delgado brazo. Y aunque Hoseok también estaba medio dormido cuando abrió sus ojos a penas, supo sin duda alguna, que aquel oso negro de mejillas coloradas que destacaba en la pálida piel del hombro de Yoongi, no era para nada parte de un sueño.

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Notas de autor

La idea de hacer este oneshot surgió como una broma pero a falta de ideas y en mi intento desesperado por escribir más y mejor, todo sirve(: espero que les guste <3333