¿Has pensado en que momento comenzaste a entregar tus emociones y estados de ánimo a otra persona? Muchas veces creemos tener el control de nuestra mente y corazón cuando en realidad lo hemos perdido al punto de ser casi imposible recuperarlo. Lo más curioso es que no puedes culpar a nadie más que a ti misma, porque si recopilas, tú naciste sola, creciste siendo feliz descubriendo el mundo por ti misma, aprendías a levantarte cada vez que corrías y caías e incluso te avergonzaba que te vieran llorar.

¿Por qué cambió? Llego una persona a desordenarte la vida, alguien que borró cómo un pedazo de borrador a esa persona que por años dibujaste a TU voluntad. Cambió tu ánimo constante por uno intermitente, te llevó por un recorrido en una montaña rusa que no tiene frenos, cambia tu sonrisa por un par de lágrimas cuando él quiere y tú solo te conformas en dejar que se sequen con el tiempo.

Tu corazón noble, feliz, que disfrutaba las cosas simples, se ha encerrado en un capullo en el que no quiere dejar entrar a nadie más y tampoco deja salir lo que lo está intoxicando poco a poco. Es momento de vivir cómo antes, es un camino rocoso con muchos obstáculos, sentirás que tu pecho se niega a soltar la presión en la que permanece y sentirás un nudo en la garganta cada vez que lo recuerdes. Pero, todo irá desapareciendo con el tiempo, con la oportunidad que te des a ti misma de ser feliz y sentirte indestructible.

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