Da al tonto mil inteligencias y solo querrá la suya.
Comenzamos a plantar el jardín de nuestra vida y, cuando miramos al lado reparamos en que el vecino esta ahí, espiando. El es incapaz de hacer nada, pero le gusta ofrecer ocurrencia disparatadas sobre como sembramos nuestras acciones, plantamos nuestros pensamientos, regalamos nuestras conquistas.
Si prestas atención a lo que dice, acabamos trabajando para el y el jardín de nuestra vida sera idea del vecino. Acabaremos olvidando la tierra cultivada con tanto sudor, fertilizada por tantas bendiciones. Olvidaremos que cada centímetro de tierra tiene sus misterios y solo la paciente mano del jardinero puede descifrarlos. No vamos a prestar atención al sol, a la lluvia ni a las estaciones... para centrarnos solo en esa cabeza que nos espía por encima de la cerca.
El tonto al que encanta ofrecernos opiniones disparatadas de nuestro jardín nunca cuida sus plantas.