Caminar por las calles de mi ciudad, que hace tres años me parecía el lugar más hermoso del mundo y en donde quería vivir por siempre, me deprime, hace que me den ganas de llorar y gritar a la vez, me quita mis sueños y sobre todo, me hace sentir que la única salida a esta situación es abandonar el país.
-
Sales de tu casa, a las 6:30 a.m. porque tienes clases a las 7:00 a.m. y aunque estás segura de que vas a llegar tarde, esperas a esa hora para reducir el riesgo de que te roben. A esa hora, aún la ciudad está oscura y tienes que caminar rápido rezando para que no te pase nada, mirando a todos lados "por si acaso".

Luego, llegas a la parada del autobús y esperas... esperas.. y continúas esperando. Porque es tu única opción. Porque no tienes un millón de bolívares (4,9$) para pagar un transporte. Porque si lo tuvieses, preferirías comprar comida o las medicinas que hacen falta en tu casa.

Cuando por fin llega un autobús y logras encontrar un espacio para no irte "de bandera", escondes tu bolso (de mil maneras) para que no te lo arranquen; pensando en que allí tienes el efectivo que a tu mamá le costó conseguir para que fueras a la universidad.

Después, al llegar a la universidad, media hora después de iniciar la clase, entras al salón diciendo "permiso" sintiéndote cansada de repetir lo mismo día tras día. Sin embargo, encuentras un escape en ese salón de clases, porque piensas en que el estar allí te acerca a tu futuro, a tus sueños.

Cuando termina la primera clase, intentas no pasar por los lugares de comida porque no te imaginas gastando en un desayuno más de 100.000 bolívares. Con eso, podrías comprar un kilo de algo para tu casa.

Al final de la mañana, regresas a buscar un autobús, con más de 30º y el sol en su máximo esplendor. Haces una cola de una hora, con sed, calor y desesperación. Queriendo llegar rápido a tu casa.

Llegas a tu casa y automáticamente comienzan los "¿Qué vamos a almorzar hoy?", "¿Otra vez yuca?", "¿Hoy no tenemos carne?" y te quisieras ir. No escucharlo. No sentirlo. Porque duele. Duele que en tu casa, donde todos trabajan, el dinero sólo dure una semana.

Tras eso, te detienes a pensar que hace un par de meses podías tener tus tres comidas aseguradas, que no tenías que estar una hora decidiendo qué era lo más económico. Piensas en que al menos tú pudiste comer y tomar agua pero que hay millones de personas que no pudieron hacerlo. Y te vuelves a sentir mal. Porque no puedes ayudarlos de ninguna manera.

En la tarde, vuelves a salir y lo primero que te encuentras es a un grupo de niños pidiendo para comer. Niños sin papás en la calle. Y continúas sintiéndote mal porque una vez más, no tienes como ayudarlos. Caminas y ves las aceras llenas de bolsas de basura rotas, con millones de moscas y personas buscando algo de comer dentro de ellas.

Vas a una farmacia, porque a tu abuela le falta una medicina y no la consigues. Vas a otra y el precio es muy elevado y aunque quisieras, no puedes pagarlo. Te devuelves a tu casa con las manos vacías pero con tu mente hecha un torbellino. Te preguntas mil veces "¿Por qué?" y no encuentras respuesta. Te sientes exhausto del no obtener lo que buscas, así sea lo más mínimo.

Comienzas a cuestionarte si estás haciendo algo mal, porque no crees capaz que tantas cosas malas puedan estar pasando en tu vida al mismo tiempo y que no encuentres alguna solución. Y trabajas más, pero tu sueldo es el mismo. Estudias más, pero te falta el mismo tiempo para graduarte. Duermes más, pero hasta en sueños la realidad te atormenta. Lloras más, pero el dolor no se seca.

Revisas tu teléfono y consigues noticia de muertes por desnutrición, por robos y vuelves a pagar tu teléfono. El dolor que llevas por tu situación no te deja ver el resto de tu entorno. Así se repiten los días y las semanas y no encuentras ninguna salida. El dolor se instala y te acompaña en tus noches y días. La desesperación te supera y hace que quieras dejar todo abandonado porque ¿Para qué?

Y te sientes frustrado, sin ganas de salir, comer o hablar. Te duele tu país y que con él se están yendo tus sueños porque cada vez los ves más imposibles.