Y eso fue todo. Se acabó. No hubo oportunidad de decir adiós. Simplemente nos miramos a los ojos mientras veíamos la vida partir. ¿El orgullo? ¿La dignidad? Nunca sabré porque llegamos a ese punto pero aunque no articulé un adiós con los labios, sí lo hice desde el corazón, o al menos, de lo poco que quedaba, porque con su partida, mi vida quedó incompleta.

-Naylen Serrano.