Mírate en el espejo. Pero mírate en serio.

Y pregúntate a ti misma cuántas veces te has mirado esperando ver a alguien que sí está pero que ya creció, que es diferente.

Mírate y pregúntate cuántas veces te has detenido a escucharte, a escuchar qué necesitas, qué quieres, qué es lo que te hace daño, quién eres.

Mírate y pregúntate cuánto te quieres, pero querer realmente. Cuánto te aceptas a ti misma, porque si tú no lo haces, nadie más podrá.

Mírate en el espejo y pregúntate cuántas veces te has abrazado a ti misma, porque NO necesitas a alguien más para hacerlo, para sentirte querida, para estar completa.

Mírate y abrázate, abrázate por lo que pudo ser y no fue, por lo perdido, por esas veces en las que te sientes juzgada, por lo dura que eres contigo misma, por las veces en las que pierdes tu esencia por el qué dirán, por las lágrimas derramadas, por lo que vendrá... Y por las veces en las que tienes que recordarte que todo está bien.

Porque mientras tú estés bien, y seas feliz... todo está bien.

- s.c.