El amor más largo y que mejor te hará en tu vida es el amor propio. Es la clase de cosa que hace que te valores, no por ponerte sobre los demás, sino porque significa que te has aceptado como eres. Es saludable y muy deseable, aunque no siempre es fácil llegar a tenerlo.

No es egocentrismo

Una persona egocéntrica considera que el resto del mundo debe girar al son que ella desea. Se piensa que es superior a todo el resto de la Humanidad, y quien diga lo contrario la está atacando. Una persona con amor propio sabe que hay otras personas, que las hay más habilidosas que ella, o con mayor mérito, y sabe que ella misma está en constante evolución.

No es ser egoísta

Cuando una persona con amor propio dice que no, es porque tiene sus razones. Si le dice que no a alguien que se ha acostumbrado a obtener lo que desea, lo primero que le dirá es que es una egoísta. La persona con amor propio sabe que no es así, y que no tiene por qué hacer algo que no quiere hacer (excepto si es su trabajo). No es egoísmo, es respeto por sí misma.

Es valorar tu tiempo

Tu tiempo es tuyo, y tú decides cómo o con quién usarlo. Hay personas que sólo se sienten bien cuando tienen a un séquito de personas detrás, que dejan todo cuando ellas chasquean los dedos para que vengan. Una persona con amor propio va si quiere, y puede, hacerlo, y sabe que no es mala persona si no puede, o no quiere.

Es valorar tus habilidades

El cultivar una habilidad, ya sea por cursos, trabajo, o una costumbre que tienes desde pequeña, toma tiempo y esfuerzo, aunque no lo sientas así. Si eres una profesional, por ejemplo, significa cobrar conforme el trabajo realizado, calculando el tiempo y los conocimientos que has utilizado. El saber qué puedes hacer y el valorarlo es, también, algo que hacen profesionales.

Es estar dispuesta a ajustar la imagen que tienes de ti misma

El amor propio es inútil si está basado en una imagen de ti misma que ya no existe. Las habilidades que tenías en la secundaria pueden no ser las mismas que tienes ahora, y eso es natural. Has evolucionado como persona, y tus habilidades han cambiado contigo.

Es saber que no puedes complacer a todo el mundo

El querer complacer a todos es una de las formas más seguras para el fracaso. Cuando se acepta que no puedes ser la niña de los ojos de todos los que te rodean, pasas a enfocarte en las personas que te interesan, o que quieres complacer, sabiendo que lo haces primero por ti, no para agradarle a los demás. Una cosa es ser diplomática, otra muy distinta es vivir para los demás y nunca para ti.

Es saber defenderse de manipuladores

Una persona manipuladora apelará a todo lo que pueda para que hagas lo que ella quiera, o que te sientas como ella desea que te sientas. Fagocitan tu tiempo, usan y abusan de tus habilidades, y se enojan cuando no quieres, o no puedes, hacer lo que ella quiere. Una persona con amor propio sabe que no tiene por qué hacerlo, y que si la otra persona no lo entiende, no vale la pena estar con ella.

Es entender que no se es perfecta

Una persona con amor propio no se deprime porque no ha logrado su meta, sino que se anima a seguir intentando llegar a ella. ¿Qué ella logró eso en dos años, y tú llevas cinco? Pues tienes tiempos distintos, o era en otra época, o ella tenía otros recursos y motivaciones. Las personas no son perfectas, y el mejorarse es un viaje, no una meta en sí. Tienes defectos y virtudes, y eso no va a cambiar: lo que sí puedes hacer es intentar mejorar tus virtudes y superar tus defectos.

Es estar dispuesta a dejar de compararse con los demás

En uno de los capítulos de la serie Los Simpson, Homero desea ser inventor, y pone como meta a Thomas Edison. Cuando, frustrado porque no puede alcanzarlo, va al museo del inventor, ve que Edison mismo se comparaba don Leonardo Da Vinci. No importa si superas o no a otras personas: lo que importa es que te superes a ti misma, a tu ritmo.