El mayor secreto que jamás he guardado, es que durante mucho tiempo he guardado un gran secreto.
Siempre ha sido fácil para mí fingir que todo está bien ante los demás. Sé que esto no me convierte en alguien especial, sé que en realidad me convierte en alguien muy común.
Para ser sincera con otra persona primero hubiera tenido que ser sincera conmigo misma. Este es el problema de reconocer que tengo un problema, que supone enfrentarse una versión de mí que no me gusta. Por eso siempre ha sido más fácil para mí fingir que todo está bien de puertas para afuera, porque he aprendido a fingir que todo está bien de puertas para adentro.
Para ti, tan fácil como no abrirlas. Para mí, tan fácil como no encender una luz.
No se puede fingir que no estás cargando con el peso de un monstruo encima de ti con simplemente no mirarlo. Es imposible. Pero, sin embargo, yo lo hice. Porque con tal de no asumir la realidad que más nos asusta, ¿De qué llegamos a ser capaces?
¿De reír sin estar contentos?
¿De llorar sin estar tristes?
¿De amar sin estar abiertos a lo que amar en verdad consiste?
¿Serías tú capaz de convertirte en el actor principal de tu propia vida?
Aún así, aquí estoy ahora, más cerca de mi propia verdad. Y, si lo anterior no es especialmente normal, lo que voy a decir ahora es probablemente un cliché, pero sólo me he abierto con una pluma y un papel. Toda mi vida ha sido más fácil para mí contándole mis sentimientos a una libreta, porque una libreta no me los va a recriminar, no me los va a recordar. Una libreta no me va a mirar mal cuando le cuento que estoy destrozada por dentro cuando por fuera esbozo una sonrisa. Una libreta puedo cerrarla, meterla en un cajón y fingir que nunca ocurrió.
Pero empecé a quebrarme. Empecé a quebrarme en ganas de ser yo misma. Empecé a quebrarme de rabia ante mi propia cobardía. Durante los últimos años, he estado ocultando y ocultándome lo mal que lo he llegado a pasar. He estado ocultando y ocultándome que me estaba consumiendo lentamente, que me estaba muriendo en vida, que respiraba sin llenarme de aire.
No, las cosas no me han ido bien desde hace un tiempo. Y aquí estoy, siempre al borde del cañón. Y todo el mundo me pregunta cuál es mi secreto. Mi secreto es que he sido una farsante. Mi secreto es que han habido muchos secretos. Mi secreto es que mi dolor era tan grande, que por una vez ha sido más fácil luchar que escuchar. Pero no puede seguir siendo así, no pueden seguir habiendo secretos. Ha llegado la hora de contar toda la verdad, ha llegado la hora de asumir mis heridas como signo de debilidad.

Y aunque ya lo he escrito, no será real hasta que alguien lo haya leído, así que pronto podré compartirlo contigo. Ha llegado la hora de enfrentarme a todo lo que me ha ocurrido, es el momento de enfrentarme a mi yo más herido. Y esta, esta está siendo mi primera confidencia, la constatación de pronto van a conocerlas todas.