Es tan hermosa.

Tan hermosa que dolía mirarla. Dios, si que dolía.

Pero como cada cosa en el mundo que hay y es buena.. solo era para admirarla. Para contagiarse de su esplendor a una distancia moderada. Para contemplar cada exquisita luminosidad que irradiaba.

Aunque, no todos podían darse cuenta, había que estar muy loca por ella como para descubrirlo. Y yo tuve el placer de hacerlo.
Porque, en si, amarla solo es un placer, que llena el corazón de una manera espléndida y emocional.

Que deja esa sonrisa constante durante la
Noche y que en la madrugada solo hay un vuelco de expectativa al día siguiente.