Francesca se sienta a tomar un café cada jueves alrededor de las 16.45 en la confitería y leer su libro favorito. A las 17.00 entra el chico de estilo sencillo a tomar un café y luego a fumar un cigarrillo.
Coinciden siempre en levantarse a las 18.15, salir e ir a la estación de tren.
18.25 es el horario justo en donde el tren se posiciona antes sus ojos para luego subirse en aquel vagón de en última fila y estar enfrente una vez más.
Ella un poco tímida, le habla tartamudeando y piensa “que chica más tonta”, él sonríe y lanza una mirada a la ventana pudiendo entrecruzar su mirada con ella otra vez.
El tiempo se para, él se acerca diciendo “yo aún no te conozco, rechazo el directo y elijo este tren”. Francesca cierra los ojos temblando y no puede creer lo que escucha.
Sus vidas han cambiado, en el día especial de 11 de marzo, se toman la mano, y llegan a un túnel que apaga la luz. Se encuentran la cara, se besan en los labios, él le dice “te quiero” y ella le regala el último soplo de su corazón.

(A víctimas de los atentados del 11 de marzo de 2004 en varios trenes de cercanías de Madrid, España. Donde fallecieron 192 personas).