Simón cada mañana se despierta con el aroma del café y las tostadas recién hechas de su abuelo. Es algo que siempre le gusto disfrutar en el comienzo del día.
Cada tarde, salen a caminar por el barrio y tienen charlas infinitas en el cual hablan de cualquier cantidad de temas que pudiese haber. Ellos continuamente se divierten y las sonrisas van y vienen. Si en el día llueve, eso no impide nada de lo que no puedan hacer...generalmente juegan a juegos de mesas, como las cartas. El abuelo habitualmente se hace el despistado para dejar ganar a su nieto y simón a veces se da cuenta y lo reta en vez de en cuando.
Así, fueron pasando los meses y años de unas mañanas alegres para Simón y su abuelo. Al mismo tiempo, su abuelo fue envejeciendo de a poco.
Simón, se puso a pensar que a algunas personas nos bañan en gris, a algunos en satín y a algunos en brillos...pero de vez en cuando encuentras a alguien iridiscente. Y esa persona claramente era su abuelo. Y a pesar de que él no llegase a estar un día, simón estaba feliz de haberlo podido disfrutar mas que nunca.
Pudo lograr descubrir que son muy pocas las personas las cuales nos hacen sentir “vivos”, pero “vivos” de una manera increíble, como si te llevaras el mundo por delante. Realmente es estar aprovechando cada segundo si es posible.
Ahora es cuando camina por las calles sintiendo la brisa en la cara, y por mas que no sea lo mismo que antes, siente a su abuelo mas cerca que nunca.