Capítulo 3

Proseguí atenta haciendo la comida pero mi mente sigue con lo sucedido ayer, solo espero que todo lo que paso realmente haya sido un sueño o una alucinación mía, como solía decir mi tía cuando escuchaba ruidos en la casa, suspiro cerrando los ojos en el acto, sacudo mi cabeza muy rápido para olvidar los sucesos de anoche, cuando repentinamente noto algo… hay mucho silencio, demasiado. Dejo el cuchillo en la barra y me dirijo a la sala.

- Violeta ¿Todo está bien? ¿Quién era? – pregunto pero sin recibir respuesta.

Cuando llego, no estaba ella me dirijo al pasillo de la puerta de salida, pero antes de siquiera llegar al marco de la puerta…

- ¡AAHHH! – escucho el fuerte grito de Violeta.
- ¡Violeta! - grito su nombre asustada.

Aterrada corro hacia el pasillo, me imagino lo peor, que alguien podría estar golpeándola, amenazándola o incluso que la han herido de gravedad, pero en cuanto doy vuelta en el pasillo…

- ¡Salgan de aquí malditos insectos del mal! – grita mi amiga con una escoba en mano y amenazando con golpear a las dos personas que se encontraban afuera.
- Woow ¿No sabemos cómo Génesis te aguanta? – dijeron las dos personas al mismo tiempo.
-¿Qué dijeron ratas apestosas? – gritó Violeta soltando el primer golpe con la escoba.

Ya vi avecinarse los problemas solo faltaba que también llegaran…

- ¡Génesis! – mmm eso me temía.
- ¿Ustedes también? ¿Qué tengo que poner veneno para ratas para que no vengas? Excepto tu Megan y Abel, saben que los quiero mucho – dijo Violeta

Si, los problemas ya estaban por venir.

- Supimos que la tía de Génesis, se fue de viaje y aprovechamos para venir a verla, sabes que a su tía no le caemos bien, solo tú eres la consentida – dijo uno de ellos a Violeta.
- Obvio tarado, yo conozco desde hace muchos años a Génesis – dice Violeta para su defensa – Es mi privilegio, así que largo, váyanse antes de que les dé escobazos – advierte Violeta con la escoba en la mano.

Las Primeras dos Personas que llegaron eran amigos de mi Universidad, sus nombres son Demián y Damián ambos son gemelos, su cabellos es color castaño casi queriéndose ver rubio, ojos color miel, su piel es aperlada, tiene 19 años, miden 1.70, pesan 70 kg y son extremadamente molestos, siempre están metidos en problemas. Están de la misma carrera que yo pero en diferente curso.

- Violeta siempre es muy enérgica – dijo Megan alegremente mientras veía como Violeta intentaba pegarle a los gemelos.

Megan es mi amiga de universidad estudia conmigo, tenemos cuatro materias que tomamos por separado. Ella tiene 18 años, su cabello es café y sus ojos verdes su piel es blanca, mide 1.63, pesa 66kg y es muy alegre, ella siempre trae una sonrisa en el rostro es muy raro que la ves enojada o triste.

- Si, solo cuando intenta matar a alguien – dice mi compañero de trabajo.
- ¿Qué dijiste retrasado? – pregunta Violeta enojada dirigiendo la escoba directo a su cara.

Él es Eitan es un compañero de trabajo, empezamos a hablarnos cuando él me salvo de un supervisor que intento propasarse conmigo, cuando tía Celeste lo supo casi quería llama al ejercito, al FBI y a la SIA, además de que me dio un sermón de cómo rayos defenderme si volvía a ocurrir, pero no crean que me dijo que me defendiera con golpes o que me enseño combate de defensa no, me dijo que solo rezara. Por fortuna no volvió a ocurría ya que para suerte mía el jefe es pariente de otro de mis compañeros que trabajan ahí y el supervisor fue despedido. Eitan es de cabello café pero es la luz se ve como si fuera rojo, sus ojos son grises y su piel es blanca, tiene 21 años, mide 1.73, pesa 76gk y es una persona algo seria pero muy confiable, lo he visto sonreír muy pocas veces, también acude a mi universidad pero es de otra carrera.

- Tranquilízate, ¿Qué acaso quieres matarme? – pregunta sobándose su cabeza.

Afortunadamente su cabeza no quedo estrellada contra la pared después del golpe que le dio Violeta.

- Eso me gustaría – dice mi amiga intentando darle otro golpe.

Así siguieron por varios minutos Violeta correteaba a Demián, Eitan y Damián con escoba en mano, mientras que Megan solo reía sin parar y animaba a Violeta.

- ¿Así es siempre? – me pregunta finalmente mi otro compañero de trabajo.

Su nombre es Abel él fue el primero con quien hable cundo recién empecé a trabajar, fue el que me estuvo dando instrucciones y enseñándome de cómo hacer las cosas, gracias a él despidieron al supervisor. Es de cabello negro esta algo largo pero lo tiene atado en una coleta baja, sus ojos son celestes, su piel es morena, tiene 22 años, mide 1.73, pesa 78kg y es una persona muy sabia para su edad, te da muy buenos concejos y es con la persona con la que a veces hablo mas de mis problemas, tiene un don, sabe cuando una persona está en problemas y la ayuda, y la personas a quien constantemente ayuda sería… yo. Él va a la universidad de Violeta y estudia la misma carrera que ella.

- Creo que está feliz de verte – digo volteándolo a ver con una sonrisa pícara.

Desde hace tiempo sabía que a Violeta le gustaba Abel y el sentimiento era mutuo, pero Abel me decía que ella era aun muy chica y no quería aprovecharse de ella. Así que digamos que las cosas van lentas entre ellos muy, muy lentas, pero aún tengo la esperanza de que estén juntos.

- Génesis – pronuncia mi nombre en forma de advertencia.
- Si, si ya sé, no le echó más leña al fuego – digo mientras cruzo mis brazos y levanto mis hombros.
- ¿Crees que terminen antes de que se haga de noche? – pregunta Abel observando la escena.
- Solo deja término de hacer la comida y veras que si – digo mientras veo como Demián y Damián se cubrían de los golpes de Violeta con Eitan.
- Te ayudo – me dice Abel.
- Claro, pasa – le digo para terminar yendo los dos a la cocina y terminar antes.

No paso mucho tiempo cuando Abel y yo terminamos de hacer la comida, comencé a poner la mesa para que el resto dejara de jugar y entrara a la casa.

- Voy por el equipo de baseball y por la animadora – digo refiriéndome a Violeta y el resto.
- si voy a servir mientras – me aviso Abel.

Me dirijo al estrecho pasillo de la salida pero antes de llegar visualizo una muñeca de porcelana sentada en el sillón de la sala. Qué raro nunca ante la vi en la casa, tal vez Megan o alguno de los chicos la trajo, a mí me fascinan esas muñecas, pero a mi tía no, dice que esas muñecas son del diablo y no sé qué otras barbaridades más, por eso nunca pude comprar o tener una.
La muñeca tiene un cabello sumamente largo es más largo que ella, si la muñeca caminara yo diría que su cabello le arrastraría, es demasiado largo, sus ojos son negro pero al ponerla contra la luz cambiaban a rojos, la piel, en este caso porcelana, es blanca, no tenía ninguna expresión en el rostro no sonreía ni nada por el estilo, solo estaba seria y con la mirada fija en un punto. Traía puesto un vestido victoriano color azul con negro tiene mucho encaje, también tiene un sobrero y zapatos color negro. Si no fuera porque solo es una muñeca, diría que es como…como… como yo. Estuve apreciándola por un buen rato hasta que…

CRASH

Escuche como algo se rompía afuera, salí de la casa asustada por el sonido y al salir lo único que vi fue a Eitan en el suelo no había señales de Violeta y el resto. Se encontraba sentado en el suelo con las piernas ligeramente flexionada y apoyándose con las manos hacia atrás, su expresión era de sorpresa y miedo. Me acerque apresurada a él.

- ¿Estás bien? – pregunto hincándome a su lado este solo asintió con la cabeza sin dejar de ver la maseta que estaba rota en el suelo - ¿Qué sucedió? ¿Y Violeta y los demás? – pregunto preocupada al ver que este no salía de su estado de shock.
- No sé, solo… - Eitan intentaba explicarme pero en su voz se escucha un poco temblorosa.
- Tranquilo – intento por todos los medios de calmarlo aunque al parecer no lo consigo.
- ¡Génesis! – escucho el grito de Violeta y siento un fuerte golpe en mi cabeza.

Repentinamente no veo nada intento enfocar pero me doy cuenta de que mis ojos están cerrados intento abrirlos pero no puedo, los siento muy pesados y mi cuerpo tampoco me responde. Puedo escuchar los gritos de Violeta y de Abel pero no puedo responder, nada de mí se mueve, siento mi cuerpo en el aire, como si estuviera flotando.

“- Génesis, necesito que vayas a la vieja casa y trigas la silla de madera que está en una esquina -¿Qué?
- pero abuela, esa casa me da miedo – es verdad aún recuerdo ese día.
- no te pasara nada ve – tenía muchas ganas de llorar.

No quería ir pero mi abuela me dijo que no tenía nada que temer, por aquel tiempo yo tenía 9 años, la vieja casa era de madera y estaba mal construida, parecía salir de una película de terror, en ese casa vivieron mi abuela y mi abuelo que en ese entonces mi abuelo todavía estaba con vida. Mi padre solía asustarme con historias de fantasmas y no quería ir sola ya que realmente daba miedo, era obscura y fría y solo había cosas que mi familia ya no necesitaba. Cruce el patio que dividía la casa en donde actualmente vivíamos y la vieja casa y antes de llegar a la casa me detuve como a 3 metros de ella, en esa área y alrededor de ella no sé cuánto media realmente, pero en toda esa área nunca había florecido una flor y tampoco había pasto. Era extraño y aunque mi familia me dijera que porque en esa parte de la casa la tierra era infértil yo no lo creía, yo sentía que había algo en esa casa, alguien o algo estaba ahí adentro. Pise la tierra que era infértil y en ese instante sentí un escalofrió pensé en regresar y decirle a mi abuela que no había nada, pero cuando me di la vuelta mi abuela estaba afuera de la casa observándome.

- Anda ve yo te cuidare y te vigilare desde aquí – me dijo con una sonrisa.

Yo solo la miraba implorando que se apiadara de mí y me dijera que ella me acompañaba.

- No Génesis, tienes que vencer ese temor – me dijo con voz suave – anda antes de que venga tu mamá – había dicho mi abuela

Voltee nuevamente a ver la casa y se me hacía de lo más tenebrosa que había visto, no quería entrar, pero fui lo más valiente que pude y empecé a caminar decidida, pasos seguro, los puños cerrados y el entrecejo fruncido, al estar frente a la puerta extendí la mano para tomar la perilla y pude notar como mi mano estaba temblando, me decía a mí misma que tenia que ser valiente, no podía decepcionar a mi abuela.
Cuando tome la perilla la gire un poco y empuje la puerta, esta rechino haciendo que me diera un escalofrió, estaba alumbrad por la luz del sol que pasaba a través de una ventana, pero la mayoría estaba obscuro, cubierto por la sombra de algunos muebles. Comencé a caminar, adentrándome poco a poco a la obscura casa, repentinamente el aire azotó la puerta cerrándola al instante, o eso quería creer yo, no quería voltearme a ver nada solo quería encontrar la silla, tomarla e irme de ahí, mire por todos lados en busca de la silla, hasta que por fin di con ella, me acerque lo más rápido que pude. Al llegar a ella la tome entre mis manos, pero antes de alzarla un objeto llamo mi atención, era una medallón plateado que estaba tirado a un lado de la silla, deje la silla en el suelo y me acerque para observarlo mejor. Su forma era un círculo con una estrella de cinco picos invertida y en medio de la estrella se encontraban dos alas de un ángel, en los picos de la estrella habían piedras como rubíes y alrededor de las alas las piedras eran zafiros tome el collar y me la coloque. Volví a cargar la silla y al girarme vi a una persona para enfrente de mí, obstruyendo mi camino así la salida, no se veía su mitad superior por la sombra de la casa.

- Abuelita, me asustaste, dijiste que no me ibas a acompañar, eres mala tenía mucho miedo. – dije en forma tranquila y segura
- …- mi abuela no respondió, solo permanecía parada e inmóvil.
- ¿Abuelita te sientes bien? – pregunte algo preocupada ya que mi abuela no me respondía

Antes de volver a preguntar escuche un fuerte estruendo de tras de mí, volteo y vi que varias cajas que estaban apiladas en un rincón de la habitación están tiradas, suponía que había sido el viento, no le doy mucha importancia y regreso con mi abuelita, pero cuando me doy la vuelta mi abuela a desaparecido.

-¿Abuela? – pregunte pensando en que tal vez ella respondería pero… no vi a nadie.

Entonces tome la silla y salí lo más rápido que pude, al llegar a la puerta solté con una mano la silla para tomar la perilla pero al intentar abrirla no pude, empecé a entrar en pánico solté la silla con ambas manos en eso y tome el pomo de la puerta con la otra mano y comencé a tirar fuerte de la perilla, pero esta no cedía. Mis ojos comenzaron a humedecerse, iba a comenzar a gritar cuando, por arte de magia la puerta se abrió. Agarre la silla lo más pronto que pude y salí de la casa corriendo sin siquiera darme la molestia de cerrar la puerta, corrí hasta estar a 7 metros de la aterradora casa, cuando de repente escuche un fuerte ruido que me hizo solo detenerme, no quería ni siquiera voltear a ver solo estaba parada sujetando la silla y mirando hacia enfrente con los ojos muy abiertos por el susto y la sorpresa…

- ¡Génesis!- escuche el fuerte grito de mi abuela la cual venia corriendo desde la casa hacia mí.

¿Cómo habrá llegado tan rápido desde la casa vieja a la otra casa? Esa era mi única pregunta al verla salir de la casa. Yo seguí inmóvil con la silla en mano mientras intentaba ver con más detalle que mi abuela ya estaba más cerca de mí.

- ¡Génesis! ¿Qué ocurrió? ¿Te hiciste daño? – preguntaba mi abuela desesperada por obtener una respuesta mía, pero yo seguía sin poder hablar - Génesis… ¡Génesis! – mi abuela me tomo de los hombros y me zarandeó hasta que pude hablar.
- …Mande – dije sin poder decir algo más.
- ¿Por qué estabas en la casa vieja? Es muy peligroso estar haya, la estructura ya estaba muy dañada ¿Te das cuenta de que pudiste haber sido aplastada? – me dijo mi abuela de una forma desesperada y casi con llanto.
- Pero, tú me dijiste que fuera a traer esta silla de madera – dije sin salir de mi sorpresa.

La casa se había destruido detrás de mí cuando yo ya estaba lo suficientemente lejos, ¿Cómo? Y ¿Por qué se destruyo? No lo sé, pero eso no fue lo más extraño. Lo más extraño fue cuando escuche a mi abuela decir esas palabras, y no solo me extraño si no que me aterro.

- Pero Génesis, de que estás hablando, sé muy bien que le tienes mucho miedo a esa casa, jamás te pediría que fueras ni a tus tías y tu mama se los he pedido en mucho tiempo, por la misma razón de que se que esa casa estaba a punto de derrumbarse – al principio pensé que se trataba de una broma y estaba a punto de decirle que ella había sido la que me había mandado de no ser por otra razón.

Mi tía Celeste me dijo que ella, la tía Esmeralda y la tía Azucena llevarían a mi abuela al doctor ya que últimamente no se había sentido bien, entonces… ¿Cómo había sido posible que hubiera visto a mi abuela? En aquel entonces estaba muy asustada como para poder decirles la verdad, lo único que se me ocurrió fue mentir. Mi mama que estaba encargada de mi y de mi hermana se llevo un fuerte regaño y reprimenda por pare de mi abuela, la razón, porque no me había supervisado adecuadamente.
En ocasiones sigo pensando en aquel extraño suceso, después de que me volvieran a preguntar mi familia lo que había ocurrido, dije que solo estaba jugando y que se me había ocurrido ir a ver que había en aquella casa, claro que mi abuela me pregunto qué ¿Por qué había dicho que ella me dijo que fuera a la casa por una silla? Como no supe cómo responder a esa pregunta la evadí poniéndome a llorar, después de haberme calmado nadie me volvió a preguntar sobre eso, a mi familia solo le daba gusto que estuviera bien.
Siento un fuerte dolor de cabeza, como si algo me hubiera golpeado, comienzo a abrir mis ojos y veo un techo blanco, volteo a los lados y me doy cuenta de que estoy en mi habitación acostada en mi cama, ¿Cómo rayos llegue aquí? Miro por la ventana y veo que ya es de noche. No recuerdo nada de lo que ocurrió, solo recuerdo que vi a Eitan en el suelo, después de ahí no recuerdo nada más. Intento levantarme de mi cama pero el dolor de mi cabeza me hace retractarme de mi primera idea. Toco mi cabeza y siento algo rasposo, me doy cuenta de que tengo una venda alrededor de mi frente y en la parte trasera de mi cabeza está algo húmeda cuando regreso mi mano para observar el liquido que siento ahora en mi mano puedo notar un tenue color carmín. ¿Sangre? ¿Estoy sangrando? ¿Por qué? Vuelvo a tocar la parte trasera de mi cabeza para confirmar que realmente es sangre lo que sale de la tela que cubre mi cabeza… o en este caso mi herida ¿Herida? Pero ¿Cómo rayos me la hice? Esto cada vez es más raro, iba a gritar para llamar a Violeta ya que me dijo que se quedaría conmigo esta noche, pero antes de tan siquiera abrir la boca logro ver a alguien sentado en el sillón que esta enfrente de mi cama, no logro identificar a la persona ya que la luz de la luna solo alumbra la parte de sus pies.

- ¿Violeta? ¿Eres tú? – pregunto un tanto dudosa y temerosa, ya que los pies de Violeta no son tan chiquitos.

Saco los pies fuera de mi cama quedando sentada a la orilla de esa, intento levantarme pero el esfuerzo hace que mi cabeza comience a punzar de dolor. Vuelvo a ver en dirección a donde está el sillón pero antes de volver a preguntar algo, veo como esa persona se levanta rápidamente, su estatura me hace pensar que realmente no es Violeta.

- ¿Qué es…? – pregunto ahora con miedo, no quiero pensar que es la otra persona de la noche anterior.

Veo que comienza a caminar en direcciona mi cama y eso me hace levantarme de inmediato sin importarme el dolor punzante en mi cabeza y retrocedo un poco hasta que mi cuerpo choca con la pared. Miro a esa persona acercarse lentamente y como la luz de la luna empieza a iluminar por debajo de su cuello. Cuando esta como a 6 pasos de mi se detiene y entrecierro mis ojos para distinguir entre la obscuridad de mi habitación su rostro, pero lo único que logro identificar es que es una mujer obesa, en eso da un paso más dejando su rostro iluminado por la luz de la luna… ¿Qué puedo decir? Sinceramente no tengo palabras para lo que estoy viendo, no sé si saltar de emoción o gritar de pánico.

- Hola Génesis – me dice aquella mujer con una voz áspera y un poco gruesa por la edad – no piensas saludar a ti linda abuelita – esto empezaba a ponerme los pelos de punta – oh vaya mi linda nietecita no quiere saludar a su dulce abuelita, creo que tendré que castigarte – me dice mi supuesta abuela acercándose a mí de una forma algo intimidante a la cual solo pude hacer una cosa.
- ¡aaaahhhhh! – Comienzo a gritar como una loca al ver el rostro de mi abuela deformándose - ¡no, aléjate! – agarro varias almohadas y comienzo a lanzarlas sin dirección fija, tengo los ojos cerrado no quiero ver - ¡vete! ¡Tú no eres mi abuela! – estoy aterrada no se que iba a hacer.

De pronto siento un mano alrededor de mi cuello y siento… ¡no! De pronto ya no siento el suelo, abro un poco los ojos y veo como aquella cosa me ha elevado con tan solo tomándome del cuello.

- Génesis ha sido una niña muy mala y debe ser castigada – dice aquella señora ahora con una voz extremadamente gruesa como para provenir de una viejecita y sobre todo de una mujer… o peor aun de una simple ser humano.

Aquella voz retumbaba en mis oídos, quería quitarme sus manos de encima pero no podía, quería gritar pero tampoco podía, sentía su agarre demasiado fuerte en mi cuello, sentí que muy pronto perdería el conocimiento.

- Génesis, no es real – escucho como una voz sumamente suave pero fuerte que me decía – despierta, no es real – me dice de nuevo.
Yo realmente quería despertar pero ¿Cómo? Solo podía ver aquel rostro deformado enfrente de mí. De pronto vi una sombra detrás de aquella cosa que me sostenía, era un hombre pero no podía ver su rostro.
- Génesis, no es real, tienes que despertar – me dice de una forma tan tranquila ¿Cómo rayos quería que hiciera eso?

En un instante dos luces azules brillan y aquella cosa me suelta y desaparece. Caigo de rodillas sostengo muy garganta y comienzo a toser, tengo mi respiración muy agitada, en un intento por recuperar todo el aire que me había bloqueado aquella cosa, cuando levanto mi cara logro ver como aquellas dos luces azules que vi no eran luces, si no eran dos ojos que me observaban con ternura antes de poder visualizar a la persona comienzo a ver borroso, pero su cara comienza a iluminarse poco a poco, al final solo pude ver como sus labio se movían pero no entendí nada.

- Génesis – escucho a lo lejos como alguien me llama, pero no logro saber quién es – Génesis – de nuevo logro escuchar la voz de alguien.
- Génesis – ahora es una voz diferente a la primera, pero no sé quien me llama.
- ¡Génesis! – escucho un grito y abro mis ojos rápidamente al sentir un jaloneo muy fuerte y seguido.
- ¡Génesis! Qué bueno que despertaste – me dice Eitan en tono preocupado.
- ¿Qué paso? – es lo único que mi voz alcanza a articular.
- Cayó sobre tu cabeza una maseta, gracias a dios la maseta era de pastico pero aun así con toda esa tierra debió de haber sido muy pesada y te desmayaste – dice sumamente rápido Violeta.
- Y de pronto comenzaste a gritar como loca – me dice Megan.
- ¡Megan! – le regaña Abel.
- es que es la verdad me asusto mucho – dice con todo de tristeza.
- jaja lo siento Megan, se me está volviendo costumbre tener pesadillas – le digo con una sonrisa falsa.
- ¿Costumbre? ¿Has estado teniendo muchas pesadillas? – me pregunta Eitan en tono preocupado.
- Si, tal vez porque eh estado un poco estresada últimamente – digo para excusarme.
- O tal vez hay algo que te preocupa – me dice Abel – Ya habíamos hablado de esto Génesis – me dice con una ceja alzada.
- Si, lo sé, es solo un poco de estrés eso es todo – digo intentando convencerlo.
- No Génesis, no es estrés tienes muchas preocupaciones ¿Sucede algo malo? ¿Es tu hermana? O ¿Tal vez es tu tía? – me dice presionándome un poco.
- No, no son ella, creo que solo soy yo – digo algo nerviosa.
- ¿Qué ocurre Génesis? ¿No confías en nosotros? – pregunta Violeta.
- No, no se trata de eso, es solo que… - no quiero decirles nada de lo último que había vivido en estos días, tengo miedo de que ahora si me crean loca, no quiero terminar en un hospital para enfermos mentales – Tu más que nadie Violeta, sabe lo que sucede, mi tratamiento, y todo lo demás así que, solo son efectos secundarios, ¿ok? – digo intentando permanecer lo más tranquila que podía, porque de que estaba nerviosa lo estaba.
- … si es verdad – dice mi mejor amiga un poco dudosa.
- Además ¿Qué horas son? – pregunto algo curiosa y sobre todo para evadir el tema.
- sin las 11:00 pm ¿Por qué? – dijo Megan como si nada.
De repente todos escuchamos un ruido algo extraño y mis amigos voltearon a verme.
- mmmm, creemos que Génesis tiene hambre – dicen al anuncio Demián y Damián
- Par de tontos no crean, ¡tengo hambre! – digo algo avergonzada por el ruido que hizo mi estomago.

Todos comienzan a reír sin parar por eso, yo al intentar levantarme de la cama un mareo hace que vuelva a caer a ella.

- Génesis, ¿Estás bien? – me pregunta Abel algo preocupado.
- Si no te preocupes es solo que tuve un pequeño mareo, eso es todo –digo intentando tranquilizarlo.
- Te ayudo – me dijo Eitan.
- ¡No! – Lo detuve en el acto – está bien yo puedo sola – digo con una sonrisa en el rostro

De antemano conozco cuales son los sentimientos de Eitan por mí, me los dijo Abel hace mucho tiempo, así no quiero darle una falsa ilusión, se que porque me ayude no le perjudica a él y a mí en nada, pero es mejor así, además por lo que se, creo que Megan lo quiere. Abel no me pregunto el solo se levanto de la cama y me ayudo a caminar abajo a la cocina. Al final todos mis amigos se quedaron en mi casa, dormí con Abel y los gemelos yo en mi cama y ellos en el suelo, mientras que a Violeta le cumplí su capricho de que se quedara en la habitación de mi hermana y Megan quiso seguirle la corriente y ayudarle a hacerle bromas a mi hermana y Eitan se quedo con ellas. Después de eso solo me dormí sin ningún tipo de preocupación por nada, excepto el hecho de que no podía olvidarme de aquellos ojos azules que vi en mi sueño.