Blanco o negro. Lleno o vacío. Todo o nada. Positivo o negativo. Tú o yo.
En el vacío se llena de la nada mientras el todo está vacío de todo lo que le llena.
La piscina de mis recuerdos se llenan de lagunas tan grandes como tu ignorancia; mientras el olvido se extiende por esta corta e infeliz existencia es cuando me pregunto: ¿para qué?
¿Para qué quise aprender a abrir mi mente si de todas formas soy limitada a tener la misma opinión que los demás aunque la suya vaya contra mis ideales y esa opinión sea contradictoria a la mía?
¿Para qué me esforcé en mejorar mis habilidades y fomentar mis capacidades si todos quieren ir al mínimo y reducir la velocidad para hacer aún menos, haciendo que mis esfuerzos no valgan la pena?
¿Para qué intenté ser mejor persona procurando estar libre de prejuicios y siendo justa y bondadosa, si sólo vais a vuestro interés usando a las personas como medios en vez de fines, jugando con sus sentimientos y olvidando que realmente eso duele?
¿Para qué intentarlo? ¿Para qué mejorar? ¿Para que esforzarse?
No merece la pena ni planteárselo con los individuos que componen esta sociedad que se limita a lo básico, que solo busca la recompensa sin realizar un solo esfuerzo.
Es el momento de decir basta, de alejarse del conformismo. Es el momento para pensar que tal vez estemos muy lejos de lo que quisimos ser y puede ser justo el momento en el que comenzamos a seguir nuestros propios sueños para alcanzar así nuestras propias metas. Puede que sí, puede ser el momento exacto. Nunca es demasiado tarde para replantearse a donde te llevan tus acciones.
Tal vez esa sea la manera de que las cosas cambien, que mejoren de cierta manera o simplemente cambien ni para bien ni para mal.
Ojalá algún día sea capaz de sentirme bien en esta mierda de sociedad tan egoísta e hipócrita.
Y ahora que descanso comienza y por fin puedo dormir es cuando más insomnio tengo.