No sé cuando comenzó, pero cuando me di cuenta, ya era bastante tarde, digo... Mírame, escribiendo sobre ti, sobre lo dulce de tu aroma, la suavidad de tu cabello y el frágil roce de tus dedos. Hasta comencé a verte guapo, cabrón.

Y lo digo así, con cólera, porque no es que no lo seas, solo es que no eres mi tipo, no eres el prototipo que tengo en mente. A mi nunca me han gustado los chicos delgados, ni los coquetos, mucho menos los que le encuentran un error a todo o tienen una opinión sobre el resto, no a la mala, no, tu no eres de esos, eres más desquisiante, más entreverado.

Y me gustas así, más... tú.

Y oye, créeme cuando te digo que jamás me han gustado los chicos con barba, y entonces llegas tú, y me refiero, a todo tú. Con tus formas, tus expresiones, tus bromas, tu trato y tu manera de ser. Me haces reír, hombre. Me haces reír muy a menudo y no sé que tan bueno sea eso, es que aprendí a sentir otra vez o es que es un efecto tuyo.

Y recuerdo aquella noche de películas, sé que no querías ir a verla, ¿pero lo valió no? La película era una mierda, aceptémoslo, pero nosotros dos sentados compartiendo el mismo sofá y robando palomitas del otro mientras nos arropábamos con la misma colcha ahí, en el piso 18 de aquel edificio...

Lo valió ¿no?

Fue una catástrofe de hormonas bien controladas, de deseos susurrados, de indirectas claras y de suspiros ocultos en bostezos. Fuimos nosotros dos, solo los dos. Mirándo algo que podría ser merecedor de la mejor basofia hecha cine, pero joder... Le daría el maldito premio a mejor película por solo haberme dado la oportunidad de conocer esa parte tuya.

Tu yo más relajado, el más suelto, el más natural.

Me gustas así, solo siendo tú, hechado y con tu cabello hecho un desorden.

Me gustas así, con los ojos somnolientos.

Me gustas, mucho.

Me gustas en especial, porque hiciste que vuelva a escribir y eso querido... Eso es un triunfo tuyo, porque me das vida, me inspiras.

Me llenas de sentimientos, de todo tipo, de los felices, de los tristes, de los melancólicos y también me llenas de deseo.

Me gusta que solo por ser tú, mis dedos vuelvan a moverse con agilidad sobre el teclado, me gusta que solo tu sonrisa inspire frases, rimas y que haga latir mi corazón como creí que no volvería a hacer.

Me gusta que tus pestañas sean tan largas como para poder escribir relatos sobre ellas y el delito que cometen al ocultar esos hermosos ojos tuyos, una y otra vez, porque son hermosas, porque te hacen tú.

Me gustas, de noche, de día, en el almuerzo y para la cena.

Me gustas de esa manera, rara y natural, como el aroma a tierra húmeda de lluvia.

Me gustas y me inspiras a partes iguales.

Y sé que estoy hasta el fondo en esto, porque no has necesitado romper mi corazón para que vuelva a escribir, porque ni siquiera he tocado mi tasa de café como para atribuirle el insomnio a ella.

Porque ahora... las horas que llevo sin sueño, parecen tener un dueño.

- Sh -