Respiro hondo mientras en mi cabeza no dejan de sonar palabras. Una y otra y otra vez. Una tras otra, sin parar, van formando un discurso lleno de sentimientos oprimidos y rencores lejanos. Me agoto, me canso, soy solo una persona. Es tan curioso como funciona la mente. Se llena de cosas que tienen el objetivo de salir a través de nuestras bocas, pero nunca lo hacen. ¿Imposiciones sociales? ¿Miedos personales? No sé. Pero te van consumiendo lentamente. No sé como recargarme después, quedo destrozada. Pero actúo como si nada pasara, no puedo mostrarlo, fingo todo el tiempo. Lo peor es que cuando estoy actuando, ni siquiera me doy cuenta que lo hago. Luego me doy cuenta que no siento las cosas que digo y hago, que todo es una ilusión. Vivo como en trance, pasajera de este mundo en trance. Y me pregunto, ¿seré la única? ¿Cómo es que, si alguien lo vive, no se vuelve locx? Poco a poco pierdo la sensibilidad, dejo de sentir; pero nuevas palabras nacen en mi mente, nunca dejan de aparecer. Es como que si único objetivo es dejarme marcas en mi cerebro para que jamás me olvide de nada. Las escucho todo el tiempo, tengo tantas cosas que hasta a veces tengo que hablarlas sola porque no hay casi lugar.