Con la mirada perdida yacía sentado en el suelo de aquella noche que caía en un día de Julio, no se recordaba exactamente la fecha, pero el clima era cálido. El blanquecino tono de piel se vio ensuciado por un seco carmesí, pero de pronto dicha se volvió un tanto transparente y una espesa neblina rodeó su cuerpo, no había necesidad de levantarse, con sólo ver como la mitad de su estructura se había esfumado era suficiente para dejar que arrastrara la otra mitad al mismo estado. Un escenario sacado de una escena de terror, donde el barro se mezclaba con la sangre y los cuerpos reaccionaban con cortos períodos de espamos.

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La humanidad hoy en día se ha vuelto peligrosa, las personas desaparecen antes que el reloj del parque marcara las nueve en punto por mero miedo, ese sentimiento tan común y terrible para un ser vivo; nubla los sentidos, paraliza el cuerpo y el instinto nace, hasta para hacer la mayoría de las cosas estúpidas. Los pandilleros, los delincuentes, gente con malas intenciones merodean las calles como si se tratara de un toque de queda.
Por desgracia, Matt no se encontraba con el mejor humor de todo, para variar, un ingrediente para preparar la cena faltaba y como él es detallista, no deja que nada se escape de sus manos. El supermercado, por suerte suya, se mantiene abierto hasta tarde, puesto que venden alcoholes y en las noches las ventas son masivas, especialmente por los jóvenes. Con la bolsa sostenida en la diestra, acortó el camino a casa por el parque, no había que dejar ir la dulce oportunidad de disfrutar el clima a estas horas. No prestaba mucha atención a su alrededor, quizás un error de su parte por no percatarse que unos tipos se divertían entre charlas y engreídos por su última adquisición; una pistola. A esa altura un muchacho que no superaba los veinte años, solo, cabizbajo, no lucía amenazante, una presa perfecta para brindar una paliza. Como si crearan una especie de cadena humana, obstruyeron el camino del muchacho entre burlas y risotadas. El que sostenía el arma de fuego, la apuntó sobre la cabeza del chico. Este ni se inmutó, más, levantó la mirada, cosa que provocó un disgusto entre los más grandes que, enfurecidos arrojaban insultos en el aire, sumando las órdenes que le brindaban como si se tratara de un perro adiestrado. El tipo que sostenía el arma realizó un conteo hacia atrás, donde antes de llegar al número uno, tiró del gatillo y por ende la cabeza del sereno muchacho de oscuros cabellos fue hacia atrás, trayendo como consecuencia la caída de su cuerpo como saco de papas al suelo. Los tipos, alarmados hablaban, más bien gritaban, entre ellos.

        — ¡¿Qué has hecho?! —
        — ¡No fue intencional, imbécil! —

Mientras ellos discutían, Matt, con lentitud, tomaba asiento en el suelo, incorporándose de a poco y apenas, captaba la atención de ellos. Ahora yacían aterrados, ¿Cómo pudo sobrevivir a un impacto tan cercano de una bala? Prácticamente le había volado la cabeza, pero él seguía allí, con una sonrisa en el rostro de oreja a oreja. Algo iba mal, ellos se habían percatado de tal cosa y comenzaron a retroceder, prometiendo inútilmente no volver a hacerlo. Pero ¿Qué ganaban? Lo volverían hacer.
Lo que era un agujero de bala en el cráneo del más joven, comenzaba a desprender una especie de humo gris, el mismo que salía de una de sus manos, la cual elevó a la altura de la cabeza del tipo que antes había disparado y formó un arma con los dedos, donde apenas inclinó el pulgar en función de ‘’disparo’’ y a la par, murmuró la palabra ‘’boom’’. En ese mismo instante, los sesos, la carne y una cantidad moderada de sangre volaron al sentido contrario, los ojos, la nariz y parte de la frente habían desaparecido completamente y una cavidad vacía los reemplazaba. Llenar de agujeros el cuerpo d Matt en un ataque de pánico y de ira por quitarle la vida a su compañero fue algo completamente inútil, se dieron cuenta cuando ni siquiera retrocedía un paso o mostraba alguna señal de dolor, en vez de líquido carmesí, escapaba ese humo gris y espeso. Sin embargo hubo un momento donde él por completo se había esfumado en presencia de los jóvenes. No le tomó más de un minuto en reaparecer no en forma humana, sino que con un acto visceral; había tomado a uno de los muchachos por la parte trasera del abrigo y en un dos por tres el tórax se vio abierto de par en par. El cadáver cayó de lleno y lo ocurrido era apenas una muestra de lo que podía hacer, venía lo peor, y los restantes de la pandilla no tenían ni idea.

Las compras estaban hechas, no dejar un sendero que lo guiaran hasta su casa era algo que hace tiempo no hacía, se había prometido a sí mismo no volver a matar, pero el deseo del ser humano de mostrar mayor fuerza y osadía provocaban que él mostrara su verdadera forma. Lamentable, no le gustaba que, aquellos seres bípedos de supuesta inteligencia superior a los animales, fueran testigos de su potencial, de ese poder en acabar con toda vida en cosa de segundos. De todas formas, Matt se sentía decepcionado de sí mismo y por ello, materializó su forma humana en el pasillo de su casa, dejando caer la bolsa de compra y sus pies igualmente tocaron el suelo. Buscó su teléfono celular sobre la mesa y marcó el primer número que tenía en la lista. Ella era la única persona que podía ayudarlo en ese momento. Apoyando su espalda sobre la pared, se deslizó en descenso hasta caer sentado en el piso. La voz femenina se escuchó al otro lado, él guardó silencio, eso sólo logró que dicha preguntara con más insistencia si se encontraba allí o qué había ocurrido. Dejó ir un exhausto suspiro y finalmente replicó.

       — Mae, ocurrió otra vez... —