Una noche cerré los ojos inconsciente de que al día siguiente la vida me iba a cambiar de una manera tan ilusoria.
Esa mañana desperté con un vacío del tamaño de la tierra, había perdido tanto en 24 horas que creo que ni siquiera tenía dignidad. En mis bolsillos llevaba los recuerdos e imaginé que de ellos podría vivir por un largo tiempo.
Pero llegó un momento en el que los recuerdos no eran suficientes para mi y quería mi vida de vuelta, mis amigos, mi familia, el amor que había perdido, lo quería todo de vuelta, quería ser quien era antes, quería tener lo que tenía antes.

Con el tiempo, al ver que mis manos y mi alma seguían vacíos, pude comprender que las cosas no ocurren del mismo modo dos veces, por lo tanto, no podemos ser lo mismo dos veces, no vamos a tener las mismas cosas dos veces, las mismas personas dos veces de la misma manera.
Empecé acostumbrarme al vacío, a la ausencia, al extrañar, repentinamente me encontré extrañando quien solía ser, a quien solía tener. Una mañana volví a despertarme con los ojos hinchados de tanto llorar y realmente odiaba verme así, no soportaba verme a mi misma siendo tan miserable, perdiéndome de la vida, perdiéndome de la gente que me amaba. No me merecía aquello, no merecía pasar por tanto para al final terminar de la misma manera, sola.

Entonces empecé a abrirme a nuevas cosas, a nuevos caminos y a nuevas personas, me enteré de lo valiosa que era y de que podía llegar a tener cosas y personas mejores. Logré verme de la manera en la que las personas que me amaban lo hacían y me he enamorado perdidamente de mi, así que decidí hacerme feliz. Por fin pude trazarme metas y cumplirlas, ya no había nada ni nadie haciéndome perder el tiempo.

No estoy arrepentida de lo que he vivido. El pasado es la razón de ser del presente, de no haber perdido tanto no me habría dado cuenta de lo que valía. No estoy más que sólo agradecida porque por toda esa porquería fue que un día me di cuenta de que valía más que todo lo que había perdido.

Me encontré renaciendo de la cenizas como un fénix, amándome más y respetándome, tomando la iniciativa de no perderme en los recuerdos, de no ser consumida de nuevo por la ausencia, de no desprestigiarme como solía hacerlo.
Me encontré caminando hacia mi destino, tomando la iniciativa de no volver atrás.