Conocí a una muchacha, lleva carmín cuando debe y se lo quita cuando bebe. Siempre tiene un libro en la mano y es escueta para hablar. No la mires, no te le acerques ni la saludes, no tiene nada para dar. Creció entre espinas y se hirió en el camino, se rompió mil veces y ya se le hace natural.

Conocí a una muchacha, sentada al borde de un acantilado, con los audífonos puestos y un libro abierto. La vi de lejos, lee, pasa las hojas, levanta la mirada y llora. Entonces vuelve a leer, saca una bebida del bolso que tiene a los pies, bebe y llora otra vez.

Conocí a una muchacha, es baja y tiene la mirada perdida. No recuerdo cuando fue la última vez que miré a alguien que tuviera el corazón roto, que llorara con una sonrisa en el rostro, y que riera de las tragedias. Pero ella lo hacía todo a la vez.

Conocí a una muchacha en la plaza de Barranco, la volví a ver en el puente de los suspiros y otra vez en el mirador. No hace nada, camina, se sienta y se pone a leer. Un niño se le acerca, le pregunta algo y ella le sonríe. Y es cuando siento que he visto lo más bonito de un atardecer.

Conocí a Lea mucho atrás, cuando tenía 7 y jugábamos en break.

La conocí desde hace años, pero a la que tengo al frente... No la puedo reconocer.

Conocí a una muchacha y resulta que ya no es quien solía ser.

- Sh -