Al chico al que se me acercó ayer en el parque:

No pude hacer nada más que agradecerte la plática y pedir tu nombre, pero te dejé mi número en la banqueta en la que nos conocimos, así, sin compromiso, por mera curiosidad, si encuentras el post-it, escríbeme, llama e invítame un café.

La verdad es que no reparé mucho en tu aspecto, solo sé que llevabas una leñadora roja a cuadros con unos pantalones simples y unas zapatillas bastante cómodas. Te acercaste por curiosidad, por puro interés en la chica que estaba recostada en esa banca leyendo aquel libro pesado en pleno parque infantil, aquella que levanta la vista cada 3 minutos, o cada que da vuelta a una página que así es como mide el pasar del tiempo. No se guía de un tic tac, pero contados los minutos levanta la mirada, busca algo con sus ojos, parece encontrarlo, suspira y vuelve a darle atención al libro que tiene en el regazo.

Pude notar la adrenalina que sentías, la duda que te carcomía, también me fijé en el alivio que sentiste cuando te devolví el saludo y acepté tu mano.

Entonces, ¿eres tú el amor de mi vida?

Dije para mis adentros, mientras solo soltaba un escueto hola. Soltaste mi mano y comenzaste a hablar, lo habías estado pensando, lo noté. Tus preguntas eran trabajadas y las frases bien pensadas, no me habías abordado sin fin alguno, no estabas sentado ahí por nada.

Eres un misterio dijiste, y entonces pensé en lo bonito que es poder ser alguien más por un instante. La ropa que llevaba aquel día no era usual, yo nunca he sido usual. Pero te di mi nombre, uno muy común, ahora desearía haber escogido otro más interesante. Estuviste a mi lado por 10 minutos, tratando de adivinar a qué me dedicaba y qué es lo que hacía a esa hora del día sentada con un libro en la mano. Te sentiste más comodo y me diste una pose más relajada, creo que no sonreía así desde hace años, es más, creo que no le sonreí así a nadie.

Entonces te llegó un mensaje, el amigo por el que habías estado esperando ya estaba en el lugar en el que acordaron y tenías que irte, no te vi alejar, no vi para dónde fuiste ni pedí nada más, volví mi mirada a mi libro y seguí mi día.

Eres físico y yo literata, o es lo que soy para ti.

A l parecer todos creen que el leer ya es una práctica perdida y que solo los que estudian algo relacionado a ello hacen. No te culpo, no podría, porque me gusta la imagen que te hiciste.

Para ti, soy Ale de 21 años, estudiante de literatura con un futuro prometedor, amante de los clásicos, lectora de día de noche y de madrugada, aficionada al r&b y jazz, con sueños grandes y feliz.

Para ti, soy la muchacha a la que encontraste en un parque mientras paseabas.

Para ti, soy una chica distinta, misteriosa y llena de vida.

Para ti, soy Ale, la que salió de un libro para pintarte nuevos escenarios.

Para ti, soy la primera muchacha a la que te acercas sin otro motivo más que el de platicar.

Entonces, querido extraño...

Fue una plática práctica.

Fue un gusto.

Llama.

Llama y bebamos ese café.

-Sh-