Era una noche oscura, las luces de la calle se habían encendido y la gente empezaba a llamar a los niños para que volvieran a casa.
Pero yo esa noche no volví, me escondí en una pequeña casa abandonada que había al pie de la montaña.
Estaba triste.
Siempre que estaba triste me escondía allí. Empezó a llover, y yo solo miraba al frente, tapándome con una manta y llorando en silencio.
Nadie me buscó, nadie pregunto por mi. Era una niña de 16 años, estará en una fiesta, pensaron algunos. Estará con su novio, pensaron otros.
Lo que no pensaban nunca era que esa niña estaba sola, necesitaba ayuda.
Al día siguiente, cuando volví a casa, me di cuenta de que nadie me había estado buscando.
Estaba sola.
Aquel día fue el peor día de mi vida.