Despierto, me alisto, llego y me siento en el escritorio, escucho como uno tras otro van tratando esas personas de llenar mi cabeza con datos que no me importan. Trato de escuchar, de entender las palabras que expulsan sus bocas, pero mis oídos están tapados y mi vista yace en otro lugar. Poco a poco el salón cambia ante mis ojos e innumerables susurros caminan por mis oídos. Me dejo embriagar por los nuevos pasajes que ante mis ojos modelan y los hechos maravillosos que en estos cobran vida, siento una tranquilidad que minutos antes no existía y dejo que mi vista se extasié con este extraño universo. Pero el paisaje se desvanece y yo sigo sentada, las personas con sus trajes siguen yendo y viniendo, relatando hechos tan interesantes y aburridos a la vez, con voces tan monótonas, agobiándome y haciéndome desear volver a ahogarme en los confines de mi mente, y embelesarme con situaciones muy irreales que quizá jamás pueda realizar.