Sus ojos azules me volvían loca, tenían el color del océano más profundo, del cielo en pleno día, de un auténtico zafiro. Su cuerpo levemente marcado debajo de aquella remera blanca revelaba los días de gimnasio y algunas marcas de pelea. Su risa, grave, profunda y sarcástica surgía de entre sus labios rosados y carnosos, los cuales solían sostener un cigarrillo cada día. Quería besar cada centímetro de ellos. Quería besarlo, pero no podía. Quería gritar que eramos iguales, quería pasar noches enteras con él. Y lamentaba tanto haberle roto el corazón como él lo hacía conmigo en cada ocasión que podía.
"Me condena cada segundo que no puedo tenerte conmigo" me había dicho. Pero sabíamos que nuestro amor estaba mal. Y aunque no lo habíamos dicho, no se necesitaba mas que una mirada para comunicarlo todo.
Habíamos sufrido, habíamos perdido. Y el pasado nos hizo así a cada uno de nosotros. Teníamos días buenos y otros no tanto, a veces teníamos ganas de hablar y otros no tanto. Pero eso lo entendíamos, y no había necesidad de explicarlo. Ninguno sufría por el otro. Ninguno tenía pena por el otro. Habíamos peleado contra todo y contra todos, habíamos llegado a manejar nuestra vida y nuestros sentimientos, a tal punto de no sentir nada.
Y por supuesto no éramos perfectos. Locos manipuladores nos llamaban cada vez que heríamos a alguien. Sin embargo, éramos adictivos y atractivos, nadie se cansaba de nosotros y nuestra locura.
Jugamos con la gente una y otra vez, nos llevamos el mundo por delante, no nos importa nada.
Y me vuelven loca sus ojos azules, que brillan cada vez que estamos juntos. Pero nuestro amor está prohibido. Cuando lo intentemos solo la culpa va a reinar luego, no importa el deseo con el que lo hagamos, no importa la intensidad de nuestro amor.
Que no me ame. Porque no lo quiero amar. Los corazones rotos que fue dejando atrás, las ilusiones perdidas que hicieron caer lágrimas en las mejillas de otras chicas, me hizo pensar que no era nada bueno que alguien como él se tirara a mis brazos, un rompecorazones.
Aunque él diría lo mismo de mi.