Hola. ¿Cómo estás? Ha pasado tanto tiempo, y el mismo se ha ido tan rápido.
Quizás lo primero que tengo que decir, es Gracias... Gracias, porque me enseñaste tantas cosas. Gracias a ti ya no me entrego tan rápido a las personas.
¿Cómo puedo seguir esto sin sonarte a remordimiento? Quizás explicándote que ya no lo siento. Que no me dueles más.
No puedo negar que cuando te fuiste me dolió hasta el alma. O al menos así lo sentí yo. Así se siente cuando la persona que amas se aleja de ti. Pero créeme, ya no me dueles.
Tal vez te preguntes por qué te estoy escribiendo; y no te diré que no tengo la menor idea. Realmente he estado pensando en ti últimamente. Estuve viendo tus redes sociales y sinceramente quería saber un poco más de ti.

¡Que bonita sonrisa se te ve, y tu mirada!

No has cambiado tanto. Es decir, esa mirada…sigue siendo exactamente la misma. Puedo ver más allá de eso. Estás feliz o eso parece, has cambiado un poco, pero a la vez sigues siendo la persona que yo conocí.
Quisiera saber si has cambiado mucho o si aún te apasiona el olor a jazmín,Cuéntame, ¿aún te sigue gustando la música ruidosa? ¿tu mamá sigue preguntándote dónde estás aunque ya eres un adulto? ¿tu color favorito ha cambiado?
En fin, cada parte de ti, fue parte mía alguna vez, y me sentí tan feliz en tus brazos. En ese entonces me hubiera gustado que te quedaras conmigo, pero, no importa querido, la vida siempre tiene algo preparado, y supongo que yo no estaba en los planes que ésta tenía para ti.

Espero que hayas encontrado el amor. Y que te ames a ti mismo, con fuerzas. Eres increíble, nunca lo dudes. Por favor, recuérdame bien cuando leas ésto, pero no llores. Por favor, no llores.

Posdata: aún amo tu sonrisa. Sonríe siempre.