Siempre es necesario tener días de reflexión, de crecimiento espiritual, de preguntarnos “¿Cuál es el siguiente paso?”, de crear planes, metas, de definirnos. Esos diálogos suelen ser en la noche… en la madrugada, cuando nos volvemos más vulnerables, cuando el peso de una larga semana se nos viene cuesta arriba, cuando nos rompemos y el grifo se abre y luego no hay cierre, donde nos auto-mutilamos con preguntas que sabemos que no tienen respuesta, cuando el sueño dorado de querer tener una máquina del tiempo viene a nosotros, de querer cambiar todo aquello que consideramos mal, buscamos un escape un poco irrealista, pero que hacemos sino somos más que una masa ambulante de muchos sueños, pero si algo he aprendido es que debemos dejar ir cada pensamiento doloroso, cada recuerdo “rompe ánimos”, usemos esas cosas como un impulso para ser mejores, para recordarnos que queremos y como debemos hacer las cosas, porque al final de nuestra vida no podemos negar, ni evitar que siempre seremos esa adición de las decisiones que no tomamos + las palabras que nunca dijimos, puede que por miedo o por… cualquier otra razón que queramos, pero no podemos volver al pasado, solo nos queda ponernos nuestras capas de superhéroes cada día y ser nuestro propio salvador.