Me perdí tratando de encontrarte en otros ojos, en otros brazos, en otra sonrisa, en ese trayecto de perderme por ti y encontrarme a mi, me descubrí a mi misma, sentada a la orilla de la playa, sin mas que un traje de baño a rayas y un par de chaclas descoloridas que más que hacer juego con mi traje solo hacían gala de mi descuido en aquellos días.

Lo cierto es que ahí estaba, a la orilla de aquella playa, donde se supone que debería de estar con alguien, pero estaba sola. Donde las personas normales estando solas desearían estar acompañadas, pero no estaba solamente yo ahí, con la mirada en el infinito, pero sin pensar en nadie, sin desear estar con nadie más que conmigo misma, intenté pensar en alguien, intente buscar a alguien en mi memoria con la cual quizás estaría a gusto en ese lugar y no la encontré.

No sabía que pensar, me había ocultado durante tanto tiempo en mi misma, a raíz de su partida que le había puesto un candado a mi soledad para que nadie pudiese entrar y dañarme, pero quería salir de ese lugar, quería compartir con alguien, amar a alguien, pero nadie en aquellos días estaba dispuesto a lo que yo quería.

Entonces en ese momento sentada en esa misma playa comprendí, que a penas habían pasado 4 años de mis 100 años de soledad.