Para mí tú eres el conjunto de letras más bello que se puede leer en esta existencia fugaz o en este plano activo, pues tú eres verso, palabras en verbo, la estrofa perfecta en un soneto y la representación viva de la poesía; pero me es necesario detenerme en este punto y aclararte algo antes de seguir proclamando quien eres para mí, ya que no sólo te leería con la mirada, yo a ti te leería con el alma, los labios, mis manos y hasta con todos mis días. Sería para mí imposible no leerte, ya que te leería en silencio, tras cada suspiro, inmerso en la multitud de voces de esta humanidad, en medio de la nada, en cada viaje que haga al subconsciente al caer la noche, y aún sumergida en lágrimas, yo a ti te leería. Porque aún sí la noche fuese muy profunda o el frío desgarrase mi alma y yo cayera presa de la agonía, y es que aún sí la misma muerte tocara a mi vida en este extracto de existencia, sin pausa alguna y sin vacilar en mi acto, yo, yo te leería.
Te leería como aquel niño que raya la madurez, y al encontrarse por primera vez con la poesía, sus ojos dan a luz a un joven enamorado por la vida. Te leería cada día como aquel que lee entre líneas y siempre encuentra un sentimiento que nunca había percibido al estar en presencia de su párrafo favorito. Te leería como esos que al encontrarse con los versos perfectos, le es imposible no cambiar su caminar por completo, pues cada palabra escrita alteraría mi contexto de percepción por la vida y me alimentaria ese monstruo interno de emoción por vivirla. Te aprendería de memoria y luego te olvidaría por completo, y así podría crear el pretexto perfecto para leerte cada noche entre mis sábanas y amanecer entre tus letras. Te buscaría entre mis libros favoritos, esperando en fe no seas una vana ilusión o la locura de un bardo en una noche de epifanía; porque tal cual agua en el desierto, para mí eres lectura necesaria en mis días.
Sí, no podría no leerte, pues tú para mí eres más que letras, verso y poesía; tú para mí, eres vida.
Sé que no eres perfecto pero sé que eres perfecto para mí. Sé que no soy perfecto pero sé que soy perfecto para ti. Y eso amor mío es la verdadera perfección, porque aún siendo ambos imperfectos, somos completamente perfectos el uno para el otro.