¿No te ha pasado que la vida te obliga a ser quien no quieres? Que no tienes opción de no sentir algo, como la disconformidad, a pesar de que te obligues a aceptar algo. ¿Naturaleza humana? A veces me parece que estoy obligada a fallarme a mí misma, a borrar en un segundo todo lo que quiero ser.
Hoy contemplé la lluvia, y algo me dijo que mi ideal de mí tenía que aprender a coexistir con lo que soy en realidad. Duelen algunas cosas. Duele no ser la hija perfecta, duele no ser la amiga perfecta, duele no tener el cuerpo perfecto, duele ser egoísta y duele sentir que me alejo más y más de esa imagen que quería lograr de mí.
Me exijo ser esa persona que solo está en mi mente, comprensiva, amable, cariñosa, pero únicamente logro quererme un poquito menos.
Aceptar la imperfección humana es como dirigir una bala al centro de mi pensamiento, pero me permitirá vivir con menos dolor la próxima vez.
O quizás solo sea para ser indiferente...
Oh, indiferencia, enemiga del corazón, cómo anestesias la vida con tu abrazo. Tú sí que me matas, pero mi cobardía se lleva bien contigo. No, no quiero salir lastimada, temo mi corazón roto, pero roto por alguien más, seguro es lo más valiente y admirable. Romperlo yo sola con tu compañía debe ser hasta un acto de estupidez, pero suena a la droga más cómoda.