Necesité que pasaran tantas cosas para darme cuenta de que no eres el indicado para mí, para darme cuenta de que no eres quien yo pensaba. Te imaginé diferente y darme cuenta de que no eres as, duele. Imaginé un futuro juntos, nos vi felices, pensé que podía llegar a ser la persona que necesitabas. Sabía que tenías muchos defectos, pero nunca me importaron. Creí que conmigo podrías cambiar, y que eso era algo que agradecerías. Llegue a pensar que algún día te darías cuenta que yo era esa persona que te haría bien y que le agradecerías a Dios por haberme puesto en tu camino.

Lo sé, es una historia tan común, tan cliché. La niña buena enamorada del niño rebelde y malo de la historia. Esperanzada en que al final el vea lo valiosa que es ella y lo importante que es tenerla en su vida, por lo que cambia con ella. Si, solo con ella. El sigue siendo el mismo chico rudo con el mundo, pero cuando se trata de ella todo cambia. Soñando ser para el todo lo que un día quiso pero nunca pensó merecer. Por esto, hace de todo para cambiar y ser la persona que ella merece.

Muchas veces escuché a niñas hablar de esto, de cómo muchas de ellas se fijaban en quien no debían, como querían hacerlos cambiar, hacerlos “mejores”. Leí muchos libros, novelas y vi películas relacionadas a esto, de hecho se convirtieron en mis favoritas. Pero, a pesar de todo, siempre pensé que esto no me pasaría a mí. Decía que era suficientemente inteligente como para fijarme en alguien así, que sabía que solo me iba a lastimar. Si, fui lo bastante tonta como para ahora ser la persona algún día prometí hacer todo lo posible por no ser.

Pero me di cuenta que no es ser tonta, si no que me gustaba ver tu lado que no cualquiera ve, ese que te esfuerzas tanto por ocultar. Siempre vi tu lado bueno, el que no querías que vieran los demás. Ese que tal vez ni siquiera tu sabias que tenías. No sabes cómo me gustaba verte hacer todo lo que amabas hacer. Como cuando iba a tus partidos fingiendo que iba por casualidad, porque estaba por ahí y decidí pararme a verlos o porque uno de mis amigos estaba jugando en ese partido contigo. Ver como cuando eres libre eres tal cual eres, eres tú. Era tu corazón el que jugaba, no tú. Puede ser que por eso me gustaba estar en cada uno de tus partidos. Ver cómo te entregabas a lo que amabas me hacía sentir que algún día lo podrías hacer por mí. Me gustaba fijarme en todo lo bueno que hacías, pensar en tus virtudes más que en tus defectos.

Tal vez no estabas acostumbrado a que alguien lo hiciera. Tal vez tú no lo querías mostrar y por eso muestras siempre esas actitudes de hombre rudo al que nada puede afectarle. Pero sé que quien yo vi en ti si existe y no es solo mi imaginación. Puede ser que no sea yo la que tú quieres que esté a tu lado y por eso no me mostrabas esa parte de ti intencionalmente. Realmente no estoy segura de nada contigo. Me siento en terreno desconocido cuando se trata de ti.

Empecé a ver cambios cuando estabas conmigo, pensé que me empezabas a tratar diferente, pensé que empezaba a pasar algo. Pero no, nunca fue así. Era solo yo ilusionándome con cuentos o pequeñas acciones que te nacían pero eran sin ninguna intención. Siempre supe que no era tu tipo, pero preferí no perder la esperanza y pensar que no eres esa clase de personas que tienen un “tipo”. Que tu corazón podría hablar y tú podrías hacerle caso. Que no te dejabas llevar por las apariencias, si no por las acciones. Pero creo que nunca fue suficiente. O tal vez nunca fui suficiente.

Ahora me doy cuenta de que siempre supiste mis sentimientos hacia ti. No era necesario decírtelo, tú mismo te dabas cuenta. Te hacías pasar por alguien diferente, esa persona que yo quería que fueras. Tal vez no soy tan original y supiste ser ese hombre que cualquier mujer querría. Sabías lo que yo quería, como quería ser tratada, sabías perfectamente cómo llegarme para hacerme hacer cosas a tu conveniencia. Sabías que nunca te diría que no a nada de lo que me pedías. Sabías que me tenías para lo que necesitabas. Puede ser que me conformaba con pensar que estabas empezando a cambiar poco a poco y este era solo el comienzo. Pero de eso a ti no te puedo culpar.

Admito que fue mi culpa que pensaras así. Siempre estuve para lo que necesitabas, nunca recibiste un no de mi parte. Mi error, confundí todo. Te di todo en bandeja de plata. Algunas veces no era, ni si quiera, necesario que me lo pidieras. Sabía lo que necesitabas y trataba de tenerlo todo para ti. Lo único que quería era verte bien, que no sufrieras. No me gustaba verte mal. Pero con tal de verte a ti bien, muchas veces fui yo la que quedaba mal.

Igual, quería sentir que me necesitabas y sabía que la única forma de hacerte sentir eso era darte todo lo que otros no te daban y tanto pedías en silencio. Quería ser indispensable para ti, pero lo único que logré fue ser yo la que necesitaba de ti.

No era lo que buscaba, siempre fui alguien independiente. Nunca quise sentirme tan dependiente de alguien, nunca lo había sentido, hasta que llegaste tú. Cambiaste mi vida de una forma que no podría explicarte. Mis días giraban en torno a ti por más que lo negara. Siempre te puse primero que todos los demás. Pensando que tú me necesitabas para estar bien, para que tu vida estuviera en orden.

Por pensar en ti dejé de pensar en personas que estaban para mí como yo lo estuve para ti. Pero lo más importante, deje de pensar en mí.

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