Cada vez que el altavoz anunciaba mi estación final, que las puertas de metal se abrían, y que daba unos pasos en el andén, ella estaba ahí.

Cada vez que volvía de la secundaria, bastante lejos de mi casa.

Cada vez que bajaba del tren.

Cada vez que volvía cansado por un día largo.

Cada vez que, en invierno, anochecía antes, y para cuando llegaba, la nieve empezaba a caer.

Cada vez, que al final, era como si lo hubiéramos planeado.

Cada vez que, a fuerzas, parecía natural, como cuando la amistad y la rutina une a dos personas.

Estaba ahí, cada vez; su perseverancia era infalible. Y después de un tiempo, ella ya no pudo dejarme indiferente. Mi cabeza terminaba por pensar en ella, cuando volvía a casa en el tren, y me preguntaba: "¿Estará? ¿O no estará?" o cuando, durante el día, en medio de algún trabajo o actividad, ella pasaba por mi mente por un corto instante: "Veremos si hoy está..." Y así pues, terminé por darle un apodo, un nombre.

Setsuko.

[Hola, soy la autora de este artículo, que, como puedes ver, es la sinopsis de una historia corta que estoy escribiendo. Si te interesa leerla, aquí te dejo el link:

(Lo pondré en cuanto haya terminado la historia)

-Noriko Wisteria]