Solo para romper el hielo, quiero decirte que una vez la muerte me miró a los ojos y sonrió.

Muchos se preguntan si es cierto que la muerte viene a buscarte, que toca la puerta con su capa negra y su hoz reluciente, lista para cortarte los hilos. Otros dicen que solo es el destino. A otros los espera Dios luego de la luz al final del túnel, según ellos. Y los más pesimistas dicen que se mueren y punto, no le dan vueltas al asunto.

Yo siempre tuve mis dudas. Hasta que pasó. Hasta que yo también me morí... bueno, no me morí de verdad, se me murió alguien y lo vi todo. Vi demasiado.

Qué forma tan cruel de decirlo "se me murió alguien", un poco torpe y algo egoísta, supongo. Pero no quiero comenzar a discutir sobre mi gramática y las expresiones que usamos en la actualidad; hoy voy a contar algo que no le he dicho a nadie desde que pasó, un secreto con el que tengo pesadillas y me perturba tanto que he llegado al punto en el que tengo que soltarlo, pero no te quedes si no te parece, yo igual voy a contar.

Era lunes (todos los lunes son una mierda) y algo me decía que faltaba poco, que su alma ya estaba haciendo las valijas para emprender el viaje más largo jamás conocido y ese algo en mi siempre tiene razón; porque soy alguien extraño, con un sexto sentido para saber que las cosas van a pasar y no siempre son cosas buenas.

Se me venían canciones a la cabeza y se me hacía un nudo en la garganta mientras me recostaba a su lado por última vez y lo observaba con atención respirar con dificultad. Quería quedarme con cada una de sus facciones grabadas en mis recuerdos, no importaba qué tan mal se encontraba, lo despeinado que se creía que estaba y qué tanto el cáncer se apoderaba de su ser, yo quería respirar su aroma y apretarle la mano una vez más.

Me pasé toda la tarde a su lado mirando no sé que programa en una habitación casi a oscuras y en una cama cómoda. Cada dos horas revisaba su respiración, de vez en cuando, murmuraba alguna alucinación que la medicación lo llevaba a decir. Cuando se dieron cuenta de que algo estaba mal, nos separaron y me comí todas las uñas, me partí los labios de tonto morderlos y tomé varios vasos rojos de agua, con manos temblorosas mientras la puerta de su cuarto seguía cerrada. Ninguno de los dos podía respirar. "Se está cortando" un beso, lágrimas, gritos desesperados y palabras confusas. Me dejaron sentarme a su lado mientras sucedía. Estábamos todos ahí.

Y entonces, cuando creí que solo se cerraban los ojos y el alma se elevaba, él extendió el brazo y la muerte llegó, como si llevara aguardando a que sucediera lo que debía suceder, y le dio la mano con confianza. Y me miró a los ojos, con una sonrisa forzada y la cara de ángel. No creo que a la muerte le guste su trabajo, pero le quitó el alma, aun mirándome con dolor, y desapareció con él para siempre, sin poder decir adiós. "Se cortó", le sacaron el suero y los aparatos, le cerraron los ojos al cuerpo sin vida de mi persona favorita.

Miré a la muerte a los ojos y la dejé que se lo llevara porque en la Tierra su alma había sido herida y ya no podía seguir curándola con sonrisas falsas. Y yo me quedé sola en una cama vacía a la no me atrevo a tocar del lado izquierdo porque su cuerpo no va a estar ahí. De vez en cuando murmuro su nombre. De vez en cuando vuelvo a llorar. De vez en cuando me culpo. Y de vez en cuando recuerdo a la muerte, que no es nadie en realidad, pero es todo a la vez.

Aquella noche me abrazaron muchas veces, lloré en muchos hombros y recibí muchas condolencias vacías. No dormí, me daba paz aquel velatorio, pero quería seguir despierta, por si la muerte aparecía y tenía ganas de devolverme su alma, pero la muerte no apareció. Cuando llegué a mi casa tampoco dormí, aunque me dolía la cabeza de tanto llorar. Tardé mucho en regresar a la realidad, todavía me pierdo en mis pensamientos mientras alguien me habla y de vez en cuando recuerdo aquel lunes.

No soy la misma persona, una no vuelve a ser la misma persona después de ver los ojos de la muerte, aquellos ojos que lo han visto todo y se llevan a todos, esos ojos que algún día yo veré otra vez.

Así que es así, la muerte no tiene capa, ni hoz, no es una luz al final del túnel, no se te escapa el alma y se te va volando, nadie te corta el hilo con unas tijeras especiales, tampoco solo se te detiene el corazón. La muerte no es nadie y es todo a la vez, ya te lo dije. La muerte te sonríe para que no tengas miedo. La muerte no es mala. A la muerte tampoco le gusta llevarse las almas. La muerte es un amigo que te da la mano para viajar a otra parte y abandonar tu milésima de segundo en esta vida. Incluso te voy a decir que, la muerte una vez me miró a los ojos y sonrió.