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Te dije que no te enamores. Te lo advertí de antemano: no va a terminar bien. Pero no podes con vos misma. Sos terca, desafiante y cabeza dura. No te iba a parar una advertencia. Nunca lo hizo, por qué lo haría ahora. Así que acá estamos, en una situación que no ayuda a nadie. Vos vas a llorar y yo voy a tener que comerme mis gritos para no ponerte peor. Si. No me lo niegues. Vas a llorar porque de nuevo vas a tener el corazón partido en mil y yo necesito acompañarte. Es mas fuerte que yo tanto como para vos es más fuerte darle rienda suelta a tu imaginación. Acá no pasaba nada pero para vos pasó todo.

Ahora que hiciste lo que quisiste tenes que pagar las consecuencias de dejarte llevar. Tendrías que haber parado la moto. No todo el mundo que muestra interés realmente está interesado. Y jure, fuerte, que ya lo habías entendido. No te alcanzaron la cantidad de veces que te levanté del suelo. No. Vos siempre vas por más. Crees más en el amor que lo que yo creo en la cerveza. Y entendes de qué te hablo. Es lunes y vos, otra vez, queres largar todo e irte a vivir al ártico. Lo que nadie te dice es que allá vas a sentir lo mismo que acá.

No sé si alguna vez lo entenderás. Quizás para la próxima te des cuenta vos sola y no te entregues tan rápido, urgente y al desnudo. A veces no hace falta entregar el cuerpo para quedar enredada en una historia. A veces simplemente basta con entregar el alma sin pensar, ni un segundo, en si la otra persona lo quiere recibir. En cierta forma a vos te falta eso: percibir si a quién se lo entregas lo quiere, o solo está de paso en tu vida.

No me mires así. Si, ya sé. Quién soy yo para decirte todo esto, no?. Quizás lo digo desde la experiencia, o quizás te lo estoy diciendo porque me hace mal verte así. De cualquier manera: no. No tengo derecho a decir absolutamente nada. Porque te entiendo y vos sabes que lo hago. Porque yo estoy todo el tiempo en tu situación y me duele todo como a vos te está doliendo ahora. Por que, quiera o no, soy siempre la primera en caer y no se como frenarme. Pero espero que algún día diciéndote todo esto yo lo entienda también. Y vos no tengas que levantar ningún pedacito mio. Que ninguna de las dos tenga que pagar los platos rotos de la otra.

Por ahora todo lo que sé es que vos y yo somos iguales. Que no podemos frenarnos cuando algo nos resulta posible. Que la visceralidad que manejamos nos pone en situaciones limites y escalofriantes. Que nunca te sentís tan viva como cuando te reís a carcajadas. Y por eso buscas todo para hacerlo diariamente. Para no parar de sentir como el corazón te late a mil y los colores parecen más vividos que nunca. Que cada vez que entregamos el alma lo hacemos de verdad, entera, limpia y transparente. Porque siempre tenemos la sensación de que esta vez es la correcta, la de verdad, la que nos va a hacer vibrar el cuerpo para siempre. Porque es mejor vivir de ilusiones que tener el corazón constantemente apagado por miedo.

Yo te entiendo perfectamente y por eso no puedo dejar de decírtelo: por favor, amiga: no te enamores. Que podemos encontrar mil otras cosas para sentirnos vivas. No hace falta que nos rompamos en mil pedazos para seguir encontrando formas de sentir el corazón galopar. O quizás yo estoy muy equivocada y esta es la forma perfecta. Porque no hay nada más lindo que sentir la risa calar los huesos y la alegría entrando a caudales por los poros. Y que al final nos dimos cuenta, queramos o no, siempre se vuelve a entregar el alma y se vuelve a sentir. Si total: todos resurgimos de las propias cenizas de nuestros amores fallidos.