Hace un año estaba saliendo con alguien cuando Dios interrumpió mi relación. Tenia un retiro muy importante que ya lo había programado como 5 meses de anticipación. Pero entonces, en medio de la noche, justo el día que estaba partiendo para mi retiro, mi novio no me respondía el celular. Pasé todo el camino tratando de comunicarme con él. Le deje un mensaje despidiéndome y cuando llegue a mi destino. No había señal. Cuando volví después de tres días. No recibí ningún mensaje.

Mi vida está llena de interrupciones, inconvenientes, frustraciones y eventos inesperados. Las cosas se rompen. Ocurren accidentes. El teléfono suena justo cuando entro en la cama. El trafico me hace llegar tarde. Justo cuando no podemos gastar mas, se descompone un teléfono o algún electrodoméstico. Enfermedades inesperadas que cambian los planes. Relaciones que se acaban. Podría seguir con una lista más y más larga. Probablemente ustedes también.

El problema es que, por lo general, no se lidiar bien con estas interrupciones. Reacciono con frustración y tristeza. Como una niña pequeña, quiero patear el piso y decir: "No es justo". 

Aun cuando estas interrupciones son inesperadas y me toman por sorpresa, a Dios no lo toman por sorpresa. No son eventos fortuitos y sin sentido. De hecho, las interrupciones son puestas en mi camino por obra divina y por alguna razón. Dios las utiliza para hacer que me parezca mas a Cristo. Nos obligan a examinarnos que es lo que estamos haciendo con nuestra. Son la manera en que Dios nos quita el velo de los ojos y nos hace ver que necesitamos mas de su palabra en todo momento del día. 

Es difícil ver que todos estos pequeños eventos e interrupciones frustrantes que ocurren en nuestro día han sido colocados como oportunidades para crecer en gracia. Y verlos así nos ayuda a dejar de mirar hacia nosotros mismos y a poner nuestros ojos en Dios, quien se preocupa mas por nuestra transformación que por nuestra comodidad diaria. En lugar de darnos una vida fácil, la interrumpe con gracia y nos muestra que es lo que necesitamos verdaderamente. 

Porque no importa la prueba que estés atravesando, el dolor que estés sufriendo o la pena que estés soportando; Dios esta intercediendo por ti. En este mismo momento, en medio de tus tormentas, él esta defendiendo tu causa y él nunca te ha abandonando. 

Tres veces le he pedido a Dios que me quite este sufrimiento, pero Dios me ha contestado: "Mi amor es todo lo que necesitas. Mi poder se muestra en la debilidad". Por eso, prefiero sentirme orgulloso de mi debilidad, para que el poder de Cristo se muestre en mi. Me alegro de ser débil, de ser insultando y perseguido, y tener necesidades y dificultades por ser fiel a Cristo. Pues lo que me hace fuerte es reconocer que soy débil. 

(2 Corintios 12: 8-10)