Llegue al mismísimo teatro, medio mojada por la ligera lluvia que se encontró con mi camino, fue mejor sentir las gotas arrastrarse por mi rostro que una más de tus caricias bruscas con tus manos rasposas de tanto arreglar los autos que parecían ser más importantes y hermosos que yo. Subí al escenario, el mismo escenario en el que me viste la primera vez en nuestra decimoséptima cita, si las contaba, qué patética es verdad pero aún asi esa cita vio mis ilusiones y mi esfuerzo por un mejor maquillaje por arreglarme el mechón de cabello que supongo odiabas pues siempre lo ponías detrás de mi oreja, y yo odiaba que hicieras eso porque me encantaba el aire que me daba aquel mechón. ¿Si dije algo? No, para que si estaba sorda y ciega bajo un mal truco de la vida en el que me convertí en tu novia. Pero eso quedará atrás hoy; ya me puse las zapatillas blancas y deje a un lado el abrigo dorado quedando en mayas y leotardo, ya me he atado el cabello en un moño sin ganas y ahora estoy calentando mi cuerpo y mi alma para dejarte libre, saldrás de mi mente, de mi vida, de los pedazos que dejaste. Saldrás de este feo teatro y de las rosas amarillas, saldrás de las estúpidas canciones, de mi teléfono. Saldrás de mí.
Una vez caliente comienzo a bailar, no hay música sonando hacia las butacas sólo hay un ritmo en mí: las ansias por sacarte. Comencemos por aquel primer día en el que te vi sentado en Starbucks con un café entre las manos mientras yo esperaba mi autobús, luego una vuelta, de puntitas a la izquierda mientras vació en el olvido el día en el que me invitaste un café, vueltas sinfín mientras olvido los días que caminábamos hasta el observatorio, posiciones básicas para olvidar los cines, conciertos y arrancones en tu auto, Quatrieme derriere para olvidar tus estúpidas excusas para estar más tiempo con el auto que conmigo, seguiré danzando hasta quedar sin recuerdos, hasta que mi cadera arda olvidando lo que era sentir tus manos en ella, mis labios seguirán sonriendo hasta que duelan como las mordidas de tus besos, mi cabello seguirá desvaratandose hasta que olvide lo que era estar peinado para ti, mis pies sangraran hasta quedar insensibles a la memoria de tus cosquillas….
Dudo que alguna vez haya danzado tan bien, con tanta fuerza, con poca menos pasión tal vez sea el mejor baile de mi vida y lo mejor es que no es por ti, ni para ti, sino por mí, para mí para alabarme por crear tan elocuentes transiciones, tan rápido ritmo insonoro, tan magnifica danza solitaria como yo, que se niega a salir de nuevo a las calles de lo desconocido y se aferra a cada compás pues no se repetirá jamás, ni el baile ni tus recuerdos, ambos morirán después de vaciar este último recuerdo del Grand pas de Deux que me garantizaría el papel principal y que por su precisión de velocidad y ejecución me hacía tropezar con cada intento; ese que practicamos una semana entera por las noches luego de entrar a tu apartamento, pues adivina ya no fue gracias a ti que logré hacerlo sino gracias a mí, me la pase noches sin dormir hasta conseguirlo sin tu ayuda, sin el ruido de tu motor al dejarme en mi casa. Sin tu maldita sonrisa que me lanzaba un flechazo, sin tu estúpida mirada de niño recién salido de un sueño, sin lo imbécil que fueron mis sentimientos, Grand de Deux haz que este baile quede sellado para siempre en lo más profundo de mi donde nada me devolverá el cariño que alguna vez te profese.
Me quito las zapatillas y en su lugar calzo las botas de hule, me pongo el abrigo dorado y dejo mi cabello suelto ser desordenada pues motivos para atarlo o arreglarlo no hay, echo un último vistazo al teatro al que jamás volveré y mi sinfonía imaginaria toca su arpegio final con un contrastante acorde grave al cerrarse tras de mi la puerta.