Él me busca, viene a recogerme y me dice: “Eres mía. No me dejarás nunca. Estamos demasiado bien juntos. Te amo.” Y después: “¿Dónde estabas?¿Quién era ese?¿Por qué no te quedas conmigo esta noche en vez de irte a la discoteca con tus amigas?.” Y comprender que tal vez amar es una cosa. Es sentirse ligeros y libres. Es saber que no pretendes apropiarte del corazón del otro, que no es tuyo, que no te toca por contrato. Es merecerlo cada día. Y se lo dices. Se lo dices a él. Y eres consciente de que hay respuestas que quizás deben cambiarse. Es preciso para poder volver a encontrar el camino.